Año 3, número 6: julio 2012 (e.·. v.·.)

Biografía:
Q.·. H.·. Edgar Perramón Quilodrán

Trazados de la R.·. L.·. Lautaro 197:
El Maestro Masón y la Cámara del Medio
La Maestría, la Máxima Creación de la Masonería Especulativa

Laicismo:
Laicismo en la Hora de su Unidad

Principios:
Masonería, la Tolerancia y el Amor

Minuto Masónico:
Rito Masónico

Preguntas y Respuestas

·


MENSAJE ESPECIAL DEL Q.·. H.·. MARTÍN FAUNES AMIGO

QQ.·. HH.·.

Anoche leí en la tenida de nuestro taller Cóndor 9 del Valle de Santiago la nota siguiente:

Venerable Maestro, queridos hermanos, hoy que se celebra en nuestro país el día del periodista.

Quisiera rendir un homenaje a los miembros de esa orden que contribuye a que las personas estén informadas. Las personas cuando están informadas son siempre menos vulnerables y se encuentran por lo tanto en mejores condiciones de elegir los mejores caminos en busca de la felicidad y el bien común. Y quisiera hacerlo, Venerable Maestro, en la persona de uno de nuestros queridos hermanos diseminados por la faz de la tierra. Me refiero al Querido Hermano Edgar Perramón Quilodrán, distinguido masón chileno – venezolano, Premio Nacional de Periodismo 1971 de Chile, quien debió obligadamente partir de nuestro país para, tras un largo periplo por su exilio europeo, radicarse en Venezuela, una patria que lo acogió como a un hijo más.

El Hermano Perramón fue iniciado muy joven en nuestra orden, a la que jamás abandonó, incorporándose en Venezuela a la Respetable Logia Lautaro 197 del Valle de Caracas, llegando a ser el representante de la Gran Logia de Chile ante su similar de Venezuela. El hermano Perramón, un sureño chillanejo, como Violeta Parra, Claudio Arrau, y Arturo Pacheco Altamirano, era una persona que conocía sólo por sus laureles y con quien me encontré cuando hace tres años me correspondió ir a Caracas a presentar mi libro “Chile: historias que debemos contar”. Fue entonces cuando tuve la oportunidad de conocer a un masón de grado superlativo, un hombre integral y talentoso, y además un adelantado que supo traspasar nuestros ideales a su trabajo extramuros donde, siendo director del diario La Discusión de Chillán, entendiendo la importancia de un pueblo educado e inmerso en la cultura, se convirtió en pionero de la expansión de las universidades hacia las provincias, figurando entre los fundadores le Sede Chillán de la Universidad de Chile, me refiero a esas instituciones pioneras también llamadas por entonces “Colegios Regionales Universitarios”, centros del saber donde llegó a ser su catedrático.

Sin embargo el Hermano Perramón cultivó siempre un bajo perfil de humildad, tanto que no quiso que nadie se enterara de una grave enfermedad que lo estaba aquejando. Hace unas semanas el Querido Hermano finalmente cerró los ojos acompañado apenas por su esposa, una bella mujer caribeña, y sus hijas y por un nieto que alegró ese tiempo final suyo de agonía.

Los ojos del Querido Hermano Edgar Perramón Quilodrán se cerraron, no obstante, aún así su luz no se ha extinguido. Sus restos mortales descansan en el Mar Caribe frente al Puerto de La Guaira, sin embargo su espíritu decora el Oriente Eterno y transita por estancias que nos son desconocidas. Desde allí aún nos regala con sus crónicas y educa a sus estudiantes, es también desde donde, sin duda, todavía nos guía.

Un T.·.A.·.F.·.

Martín Faunes Amigo


EL VISITADOR: 

Q.·. H.·. José Hernández

José Hernández (nacido como José Rafael Hernández y Pueyrredón el 10 de noviembre de 1834, fallecido el 21 de octubre de 1886) fue un militar, periodista, poeta y político argentino, especialmente conocido como el autor del Martín Fierro, obra máxima de la literatura gauchesca. En su homenaje, el 10 de noviembre —aniversario de su nacimiento— se festeja en la Argentina el Día de la Tradición.

Tras iniciarse como militar en defensa de la autonomía del Estado de Buenos Aires, entre 1852 y 1872 sostuvo una intensa actividad periodística, enfrentado al predominio de la ciudad de Buenos Aires en la organización de su país. En una época de gran agitación política, sostuvo que las provincias no debían permanecer ligadas al gobierno de Buenos Aires.

Después de abandonar el ejército por haberse batido en duelo con otro oficial, ingresó en el Club Socialista Argentino entre 1859 y 1860. Al año siguiente ingresó en la Logia Masónica del Litoral llegando a ser su secretario al año siguiente. Esta sociedad se distinguió por ignorar todo lo referido al progreso y despreciar lo telúrico. Poco antes de su fallecimiento fue proclamado Miembro Libre de la Orden por haber cumplido 25 años de militancia

Radicado en Paraná desde 1857, residió alternativamente en esa ciudad, en Corrientes, Rosario y Montevideo, antes de regresar a Buenos Aires.

Participó en una de las últimas rebeliones federales, dirigida por Ricardo López Jordán, cuyo primer intento de acción finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández en el Brasil. Después de esta revolución siguió siendo por corto tiempo asesor del general revolucionario, pero con el tiempo se distanció de él.

A su regreso a la Argentina, en 1872, continuó su lucha por medio del periodismo y publicó la primera parte de su obra maestra, El gaucho Martín Fierro. Fue a través de su poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos. La continuación de la obra, La vuelta de Martín Fierro (1879), en conjunto, forman un poema épico popular. Es generalmente considerada la obra cumbre de la literatura argentina.

Posteriormente desempeñó los cargos de diputado y senador de la provincia de Buenos Aires. Ocupando este último cargo, defendió la federalización de Buenos Aires en un memorable discurso, enfrentándose a Leandro N. Alem.

“No es un secreto, pero es una reserva que tenemos; cada masón es dueño de expresarse como tal o no. Después le pudo decir que en la logia Justo José de Urquiza fue iniciado José Hernández. Aquí trabajó Urquiza, trabajó Mitre y después mucha gente de la sociedad paranaense”

MARTÍN FIERRO

(fragmentos)

El que sabe ser buen hijo

a los suyos se parece;

y aquel que a su lado crece

y a su padre no hace honor,

como castigo merece

de la desdicha el rigor.

Con un empeño constante

mis faltas supe enmendar;

todo conseguí olvidar,

pero, por desgracia mía,

el nombre de “picardía”

no me lo pude quitar.

Aquel que tiene buen nombre

muchos dijustos ahorra;

y entre tanta mazamorra

no olviden esta advertencia:

aprendí por esperiencia

que el mal nombre no se borra.

423 –

Triste suena mi guitarra

y el asunto lo requiere.

Ninguno alegrías espere

sino sentidos lamentos,

de aquel que en duros tormentos

nace, crece, vive y muere.

– 424 –

Es triste dejar sus pagos

y largarse a tierra agena

llevándose la alma llena

de tormentos y dolores,

mas nos llevan los rigores

como el pampero a la arena.

– 425 –

Irse a cruzar el desierto

lo mesmo que un foragido,

dejando aquí en el olvido,

como dejamos nosotros,

su mujer en brazos de otro

y sus hijitos perdidos.

– 426 –

¡Cuántas veces al cruzar

en esa inmensa llanura,

al verse en tal desventura

y tan lejos de los suyos

se tira uno entre los yuyos

a llorar con amargura!

– 427 –

En la orilla de un arroyo

solitario lo pasaba,

en mil cosas cavilaba,

y a una güelta repentina

se me hacía ver a mi china

o escuchar que me llamaba.

– 428 –

Y las aguas serenitas

bebe el pingo trago a trago,

mientras sin ningún halago

pasa uno hasta sin comer,

por pensar en su mujer,

en sus hijos y en su pago.


Columna de la Armonía

Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía Nº 41 en Do mayor “Jupiter”, K. 551.

Orquesta Filarmónica de Nueva York
Dirección: Bruno Walter

Fecha de Grabación: 23 de enero de 1945

Licencia: Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0


© 2012

R.·. L.·. Lautaro Nº 197, Or.·. de Caracas, Venezuela.
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