Abdl al-Qádir al-Jaza´iri

Abd el-Qader el argelino (en árabe عبد القادرالجزائري ) fue una de las personalidades argelinas más destacadas del s XIX. Está considerado el fundador de la nación argelina, líder de la resistencia frente a la ocupación francesa y creador de un estado moderno. Fue también escritor, poeta, sufí y estudioso de la obra del gran maestro de origen andalusí Ibn Arabi. La nota necrológica que The New York Times publicó tras su fallecimiento en 1883 le calificaba como uno de los dirigentes más capaces del siglo.

Nació en la Guetna del Oued al Hammam a 20 km de Mascara en la región de Oran, en aquel tiempo bajo dominación otomana. Su familia, una de las más destacadas dentro de la tribu de los Banu hashim, contaba con una genealogía que se remontaba al Profeta Muhammad.

Dotado de unas extraordinarias capacidades y de una inteligencia precoz, recibió desde niño una esmerada educación bajo la dirección de sus padres. Su madre Lalla Zohra, una mujer cultivada a la que se sintió especialmente unido toda su vida, le enseñó a leer y a escribir. Su padre Muhy al din ibn Mustafa al Hassani muqaddam de la Qadiriyya le iniciará en la vía sufí, vía que en adelante guiará todos los aspectos de su vida. Fue instruido en ciencias islámicas y a muy temprana edad alcanzará el grado de hafiz al haber memorizado el Corán y el hadiz. También aprendió filosofía, literatura, geometría, geografía, astronomía y farmacopea. Se interesó desde muy joven por la historia de los pueblos cristianos, la política y las ciencias europeas. Recibió instrucción de los hombres más notables de la región, como Si Ahmad Ben Tahar al Rify, quien le introdujo en el estudio de otras tantas materias ‘mundanas’ y de lo que los europeos denominaban ‘estrategia’, o Si Ahmad ben Jodja, conocido como uno de los grandes sabios del oeste argelino. Excelente orador, sobresalió también en disciplinas físicas como la gimnasia, la equitación o la caza. Fue un extraordinario jinete y gran amante de los caballos.

En 1825 junto a su padre realizará su primer viaje a Oriente. Visitará Orán, Túnez y Egipto, donde quedará vivamente impresionado por la labor de modernización llevada a cabo por Muhammad Alí.

Visitarán también La Meca y Damasco donde conocerá al sheij Jaled al Naqshabandi y visitará por primera vez la tumba de Ibn ‘Arabi, al que considerará durante toda su vida su maestro espiritual. Seguirá viaje a Bagdad donde visitará la tumba de otro gran maestro del sufismo y epónimo de la Qadiriyya Abdul Qadri Jilani. De allí volverán a La Meca, donde realizarán el hajj o peregrinación. En 1829 regresa junto a su padre a la Guetna.

Las tribus de la región occidental de Argelia se habían manifestado especialmente activas en su resistencia frente al dominio otomano. El padre de Abd el-Qader era uno de sus cabecillas. En este clima de insurrección contra lo que las tribus consideraban la ocupación extranjera de los otomanos el escenario iba a cambiar rápidamente. En 1830 los franceses toman Argel y el Bey de Orán se rinde ante los franceses al año siguiente.

Las tribus se niegan a aceptar las autoridad de los nuevos ocupantes. El padre de Abd el-Qader ya enfermo dará paso a su hijo. Las extraordinarias cualidades que este había demostrado hicieron que las tribus se unieran bajo su liderazgo: El 21 de noviembre de 1832 cuando contaba con 24 años le prestaran juramento de fidelidad (bay’a) y le proclaman Sultán. Abd el-Qader rechazará el título, que considera aplicable al Jerife de Fez y adoptará el de Emir. Al año siguiente morirá su padre.

Las constantes victorias del Emir en el campo de batalla concluirán en 1894 con la firma del tratado Desmichels| por el que se reconoce la autoridad del Emir en el interior de Orán y la de Francia en las zonas costeras. La ambigüedad de los términos del tratado acabaron favoreciendo las posiciones de Abd el-Qader. Eso supuso un cierto descrédito para el general Desmichels que será sustituido por Trézel. Con Trézel las tropas francesas seguirán acumulando derrotas hasta el gran desastre que en 1835 supuso la batalla de Macta. Ante el rumbo que tomaban los acontecimientos Francia enviará a Thomas Robert Bugeaud , un militar de reconocido prestigio que había combatido en la Guerra de la Independencia Española y conocía bien la guerra de guerrillas que tan bien dominaba Abd el-Qader. El 6 de julio de 1836 Bugeaud vence a las tropas de Abd el-Qader y el 30 de mayo de 1837 ambas partes firman el tratado de Tafna. En virtud del tratado Abd el-Qader conseguía un territorio más extenso que en el tratado Desmichels aunque siempre bajo la soberanía formal de Francia que además se reservaba el control de ciertos enclaves costeros.

Tras el tratado de Tafna el Emir se dedicará a afianzar la lealtad de la tribus y a sentar las bases de un estado. Como han señalado los J. Berque y A. Laroui Abd el-Qader creó un auténtico estado en el sentido moderno del término.

Gran conocedor del pensamiento de Ibn Jaldún tuvo siempre muy presente la tensión entre vida nómada y vida sedentaria. A lo largo de sus años de lucha contra los franceses tuvo que hacer frente a la inestable fidelidad de las tribus. Siempre declaró que su objetivo fue tanto superar los egoísmos tribales como reformar lo que consideraba la decadente herencia otomana.

Abd el-Qader organizó un ejército, así como un sistema de plazas fuertes y fortificaciones defensivas. Instauró un sistema de recaudación de impuestos y llegó a acuñar moneda. Gran admirador de la medicina andalusí, planificó un sistema sanitario con equipos que incluían médicos y enfermeras.

Planificó también un detallado sistema educativo dirigido a toda la población. Se proveyó de múltiples canales de información gracias a los cuales recibía puntualmente los periódicos franceses y se los hacía leer por el aquel entonces amigo Léon Roches. La mayoría de sus súbditos judíos fueron empleados en la negociación y el comercio de armas que con base en Gibraltar mantenía con Gran Bretaña y Francia. Sus propios adversarios han sabido destacar el trato que dispensó a los cautivos por motivos de guerra. Abd el-Qader estableció un código humanitario aplicable al trato de los prisioneros. Muchos de ellos irán a visitarle personalmente cuando el Emir se halle exiliado en Pau.

En un principio fijó la capital en Tagdemt antiguo centro cultural y político de la dinastía de los Banu Rustam. Más tarde en mayo de 1841 cuando el avance del ejército francés llegue hasta sus puertas, la capital será incendiada y abandonada por sus habitantes. Será entonces cuando Abd el-Qader planifique su Smala, auténtica capital nómada del estado. Una organización donde las tiendas beduinas se organizan en círculos concéntricos. Todos tienen asignado un lugar preciso según un minucioso orden. En el centro de la Smala se situaba el jefe del estado, el Emir Abd el-Qader.

Murió en Damasco el 26 de mayo de 1883 a los 75 años de edad. Fue enterrado junto a la tumba de Ibn Arabi. En 1966, una vez alcanzada la independencia, Argelia reclamará sus restos, que serán trasladados al cementerio El Alia de Argel, en la zona reservada a los mártires de la resistencia argelina.

Además de hombre de acción, el Emir Abd el-Qader fue un prolífico escritor. Dejó una considerable obra escrita que abarca temas variadísimos, desde la ingente correspondencia que escribió a lo largo de toda su vida, pasando por tratados de contenido militar, obras de contenido religioso, espiritual y una destacada obra poética. La obra poética del Emir merece especial atención a pesar de ser una de sus facetas a las que menos atención se ha prestado. En España ha sido estudiada por los profesores Martínez Montávez y Juan Vernet.

El adagio sufí “estar en el mundo sin ser del mundo” describe a la perfección la vida del Emir Abd el-Qader. El compromiso y la acción de toda su vida estuvieron siempre orientados según los ideales del sufismo. Fue iniciado al menos en cuatro tariqas o escuela sufíes, la Qadiriyya, la Naqshbandiyya, la Shadhiliyya y la Mevleví. Sin el sufismo no es posible entender su vida ni su pensamiento. Kitab al Mawaqif es su obra más importante dedicada al sufismo.

Fue además un profundo conocedor de la obra de Ibn ‘Arabi y el primer editor moderno de su obra: rescató los manuscritos originales existentes en Konya incluyendo los 37 volúmenes de su monumental Futuhat al-makkiyya. Será sobre estos manuscritos sobre los que realizará su labor de recopilación e investigación Osman Yahya.

Relación con la Francmasonería:
El Emir mantuvo estrechas relaciones con destacados miembros de la francmasonería. Llegó a ser iniciado en la logia de ‘Las Pirámides’ de Alejandría y visitó en 1865 la logia Henri IV de París.