José Cortés de Madariaga

Osado tribuno, prócer y venerable sacerdote, aun cuando nació en Chile, es considerado por los historiadores venezolanos y principalmente por la francmasonería, como un hijo querido de Venezuela, por su extraordinaria labor al servicio de la libertad y la causa de la emancipación.

Nació en Santiago de Chile en 1780. Después de doctorarse en Teología, con los hábitos de canónigo, viajó a España, siguiendo a París y Londres. Humanista y de ideas liberales, hizo amistad con Miranda, Caro, Nariño, O’Higgins, Isnardy y Fretes, quienes le invitaron a ingresar a la francmasonería.

Su iniciación se llevó a cabo en la Logia “Lautaro”, de Cádiz, España, ascendiendo al Grado de Compañero, en una Logia francesa.

El diario caraqueño “La Opinión Nacional”, en su edición número 2839, del 28 de octubre de 1878, corrobora esos informes, en un artículo que textualmente dice lo siguiente:

“Concluido felizmente el litigio de Madariaga en Chile, éste quiso conocer parte de Europa, y después de visitar algunas provincias de España, siguió a París y a Londres. Un gran suceso le preocupaba: la Revolución Francesa, que había derrotado vetustas doctrinas y abierto vastos horizontes a la libertad del pensamiento y las nobles aspiraciones de los pueblos. Buscando eco a sus sentimientos, tropezó Madariaga con varias celebridades de la América del Sur, que viajaban por Europa, entre las cuales estaban Miranda, ya renombrado por el papel que habla desempeñado en la Revolución Francesa y en la emancipación de la América del Norte”.

Miranda de acuerdo con sus amigos de España, acababa de fundar en aquella época, 1797, una sociedad secreta, cuyo objeto era la emancipación de la América Española.

Ninguna ocasión más propicia para el joven repúblico, que aquella que le proporcionaba espontánea familiaridad con las entidades americanas que trabajaban en pro de una idea fecunda y trascendental.

“Dos centros políticos sirvieron en aquellos días para informar la opinión de los paladines de la causa americana: Londres donde residía Miranda, que acababa de ser expulsado del territorio francés, y en Cádiz, donde vivía el chileno don Nicolás de La Cruz, Conde del Maule, opulento comerciante y hombre de letras, cuya casa fue el refugio de cuantos americanos visitaron aquella sección de la península, foco de los revolucionarios liberales”.

“Incorporado Madariaga a sus compatriotas bajo la dirección de Miranda, tuvo ocasión de comunicarse con Caro, Isnardy, Nariño, O’Higgins, Fretes y otros americanos que frecuentaban las sociedades secretas de Cádiz, Londres y París. Desde luego, Madariaga y Miranda simpatizaron al conocerse; después se comprendieron”.

“Yo me glorié de ser americano cuando traté a este hombre”, exclamó Madariaga doce años más tarde cuando supo en San Carlos el nombramiento de Generalísimo que había hecho a Miranda el gobierno del 19 de abril de 1810”.

“Madariaga pareció presentir desde muy al principio, el papel que le tenía reservado la Providencia, lleno de confianza en el hombre superior que manejaba el timón de la emancipación americana, aguardó las órdenes de su jefe”.

“La principal residencia de Madariaga durante su estadía en Europa fue el puerto de Cádiz, en la casa del banquero literato La Cruz, quien tenía, no sólo a Madariaga, sino también al sacerdote Juan Pablo Fretes, natural de Paraguay. “Nunca el ocaso o un destino singular (escribió el historiador Vicuña Mackenna), había reunido en sus arcanos y puesto en contacto dos espíritus más semejantes, dos almas más ardientes, dos inteligencias más osadas y convencidas que las de aquellos clérigos, que bajo un oscuro manto, ocultaban el corazón y la mente de verdaderos tribunos populares, pues tales lo serían en climas apartados, y ambos lejanos de sus cunas y de sus pueblos”.

“Aquellos dos hombres (agregó Vicuña Mackenna), llamados a un rol tan ilustre en la historia de América, no tenían de común con la mayoría del clero de la época, sino el traje y la tonsura. Su fe religiosa las llevaban a ejemplo de aquel que muriera en el calvario, hasta la redención de la conciencia humana…Eran en una palabra, aquellos mismos sacerdotes que Miranda había profetizado a su discípulo O’Higgins que debería encontrar alguna vez en su camino”.

Como se sabe Madariaga, fue el artífice principal del pronunciamiento del 19 de abril de 1810. Fue el ejecutor de la caída del Gobernador Emparan. El temible tribuno que convirtió a ese histórico Cabildo, en la antorcha de la Independencia.

Según refieren los cronistas, eran las tres de la tarde cuando concluyó la prolongada sesión del Ayuntamiento. Entusiasmada y erguida juventud de Caracas, condujo en hombros a Madariaga y sus compañeros al centro de la plaza mayor, dando vítores y arrojando a los aires los sombreros. Entre los que pronunciaron encendidos discursos patrióticos, estaba un joven llamado Diego Bautista Urbaneja.

Días más tarde, Madariaga, viajó a Bogotá como Enviado de la Junta Suprema ante el Gobierno de Nueva Granada, para constituir una Liga en defensa de la campaña de Miranda, fue perseguido y capturado por el jefe realista Monteverde, quien lo remitió cargado de grillos a España. Estuvo en las cárceles de La Guaira, Madrid y de Ceuta. Con Roscio, Juan Pablo Ayala y Paz Castillo, en 1814 logró escapar del presidio y llegar a Gibraltar. Más tarde se embarcó a Jamaica y luego a la Isla de Margarita, donde publicó un manifiesto en favor de la causa republicana.

Volvió a Jamaica, incorporándose a la expedición de Montilla a las costas del Magdalena. Falleció en Río Hacha (Colombia), en 1826.

Fuente: http://www.gluv.org/proceres%20masones/Jose%20Cortes%20Madariaga.htm

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