José María Vargas

José María Vargas

R.·. L.·. Lautaro Nº 197, Or.·. de Caracas

– Señor Vargas, el mundo es de los valientes.

– No, el mundo es del hombre justo. Es el hombre de bien, y no del valiente, el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su conciencia.

(8 de junio de 1835, entre Pedro Carujo y Vargas, cuando aquél le pone bajo arresto domiciliario al estallar la Revolución de las Reformas).

Trabajó en Logias de Caracas, Cumaná y La Guaira. Tuvo una vida ejemplar dedicada al estudio y las buenas acciones. Llegó al grado 18°, y nunca dio motivo de queja a sus hermanos francmasones.

Nació en La Guaira el 10 de marzo de 1786. Fueron sus padres José Antonio de Vargas Machuca, oriundo de Canarias, y Ana Teresa de Jesús Ponce, natural de Caracas. Tantos fueron los méritos acumulados por José María Vargas, que el Congreso Nacional le dio el título de “Magnánimo”.

En 1808 se recibió de médico. Antes había estudiado filosofía y teosofía, lo que explica la amplia cultura humanística que poseía. Con su flamante título de doctor en medicina, partió a Cumaná para ejercer la profesión. En 1812 se incorporó a la causa de la emancipación.

Fue traductor de “El Contrato Social”, una de las mejores obras de ese gran dirigente de la masonería francesa que fue Juan Jacobo Rousseau. En “El Contrato Social” están las bases doctrinarias de la francmasonería universal. José María Vargas, leía a sus amigos capítulos de ese famoso libro, suscitándose interesantes foros entre los asistentes a las reuniones secretas.

Aseguran los biógrafos de José María Vargas, que la traducción de “El Contrato Social”, le indujo a iniciarse en la masonería, donde trabajó en varias Logias, dando positivos aportes culturales.

Como consecuencia de la capitulación de Miranda, los realistas no solo desconocieron los términos del armisticio, sino que además iniciaron una violenta persecución contra los patriotas. En una de las redadas, cayó José María Vargas. Cargado de grillos lo enviaron a las temidas mazmorras de La Guaira. En 1813 fue libertado por Bolívar, decidiendo entonces marcharse a Inglaterra para aumentar sus conocimientos en medicina.

En Londres se graduó de cirujano, abarcando el estudio de las enfermedades de los ojos y otras ramas de la patología. Siguió viaje a Francia para perfeccionarse en las mejores universidades. Durante su estancia en Londres y París, no dejó de visitar logias masónicas, relacionándose con los más destacados librepensadores.

Al cabo de un tiempo volvió al continente americano, estableciéndose en Puerto Rico, donde estaba refugiada su familia. Ejerció su profesión, dedicándose al mismo tiempo a estudios y experimentos en cirugía y tocología.

Investigó los orígenes de la malaria y la fiebre amarilla; estudió las plantas tropicales, analizó las aguas y mantuvo relaciones con los más célebres científicos de la época.

Volvió a Caracas en 1825, dictó una serie de conferencias y procedió a la reorganización de la Universidad local, de la que fue su Rector en 1827. Con la ayuda del Libertador, José María Vargas renovó completamente esa Casa de Estudios, transformándola de una Universidad Pontificia con teólogos y canónigos, en una Universidad moderna, científica, capaz de formar adecuadamente a los nuevos profesionales que necesitaba urgentemente Venezuela.

Su labor educacional fue vasta. Estuvo al frente de la Dirección General de Instrucción Pública, elaborando proyectos y reglamentos para establecer la educación primaria y mejorar la Academia de Pintura. Declinó el cargo de Plenipotenciario en Londres, para poder trabajar más activamente en favor de la instrucción pública. Fue autor del Código de Instrucción Pública para Universidades y Academias. Actuó en el Parlamento como Senador.

En 1830 estuvo en la Constituyente de Bogotá, representando a la provincia de Caracas. Fue albacea del Libertador. El 9 de febrero de 1835, el Congreso de Venezuela lo eligió Presidente de la República, iniciando una labor realmente civilizadora. Varias veces renunció a la Primera Magistratura, pero no fue aceptada. El 8 de julio de 1835, estalló un cuartelazo dirigido por el Comandante Pedro Carujo, que siempre había sido un recalcitrante opositor de Bolívar. El sabio Vargas se enfrentó valientemente a Carujo, pero fue detenido en su propia casa, conducido preso a La Guaira y sacado del país. Ese golpe militar fue el comienzo de la llamada “Revolución Reformista”, que tenía por objeto restablecer el fuero castrense, abolir la libertad de cultos y dar prioridad a los militares en las vacantes que pudieran presentarse en la administración pública.

Con la caída de Vargas, se presentó en el país un estado de anarquía, unos clamaban por el federalismo, otros la integración con Colombia, y algunos la guerra a muerte contra los liberales.

Vargas regresó al país el 20 de agosto del mismo año. Fue llamado de nuevo al gobierno mientras el General Páez dominaba a los facciosos. Vargas aceptó hacerse cargo de la Primera Magistratura. Dejó el mando en abril de 1836, después de renunciar ante el Congreso.

En 1842, con gran satisfacción de su parte, integró la comisión que viajó a Santa Marta para repatriar los restos del Libertador.

Con la salud quebrantada, se trasladó después a los Estados Unidos, recibiendo honores en muchas sociedades científicas. Murió en Nueva York el 13 de julio de 1854. Sus restos reposan actualmente en el Panteón Nacional. La tierra donde nació convertida en estado, lleva su nombre, y la masonería toda, nunca deja de rendirle homenaje, por su acción cultural para impulsar el progreso de Venezuela.