Salvador Allende

Salvador Allende

Jesús Aznar
Director Revista Masónica La Acacia. España.

Yo, Salvador Allende Gossens, de mi libre y espontánea voluntad, y bajo mi palabra de honor, me ofrezco como candidato a la sociedad masónica… deseando ser útil a la Humanidad.

De esta manera, en julio de 1935, Salvador Allende, el que fuera Presidente del Gobierno chileno, solicitó su ingreso en la Logia Progreso n° 4 de Valparaíso. Tras la solicitud, se sucedieron las entrevistas e informes de rigor que culminaron con la iniciación de Allende el 16 de diciembre de ese mismo año, a las 18.30 horas.

Ser nieto de un ex Serenísimo Gran Maestro de la Gran Logia de Chile e hijo de otro masón fueron elementos excepcionales en su candidatura, a los que se sumaron sus cualidades personales y su deseo constante de trabajar por la sociedad.

Salvador Allende nació en Santiago de Chile el 26 de junio de 1908. Después de vivir en varias ciudades se radica en Valparaíso y en 1926 ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Su vida universitaria se caracteriza por una gran actividad desarrollada en torno a los ideales de los estudiantes de aquella época, integrando dos grupos de opinión: Avance y El Vanguardia. En una de sus actuaciones fue expulsado como estudiante de Medicina y readmitido un año después, terminando sus estudios en 1933.

Su connotación política estuvo determinada por su admiración por dos grandes masones chilenos:  Marmaduque Grove, muy vinculado a su familia y fundador del Partido Socialista; y por su abuelo, Ramón Allende Padín, conocido por sus ideas revolucionarias y fundador de la primera escuela laica de Chile.

La concepción masónica, el compromiso político y la actividad médica de Salvador Allende constituyeron los tres pilares fundamentales de una vida cuyo objetivo era aportar algo a los demás, tal y como lo expresó durante su iniciación masónica: «El hombre es sólo un engranaje del conglomerado social, por lo tanto, su vida debe estar a su servicio, o sea, al servicio de sus semejantes». De esta manera, su aspiración a la justicia social se manifiesta nítidamente a través del respeto al derecho de los demás y a los afanes por impulsar el perfeccionamiento espiritual, moral y material de la sociedad.

Sin embargo, su compromiso político causó alguna reticencia en su ámbito masónico, lo que no impidió que él se sintiera siempre masón, con una sensación que él mismo manifestó tras el rito iniciático: «Cuando la venda cayó de mis ojos y pude observar las espadas dirigidas a quien veía por primera vez la luz masónica y oía las palabras del Venerable Maestro, pude entender que esa era una expresión de profunda y honda solidaridad, para hacerle presente al iniciado que sus hermanos estarían prestos para acudir en su ayuda si el caso así lo requiriera».

Desde aquel momento, Allende intentó trasladar sus ideales masónicos a su acción en el mundo profano, visualizando en sus compromisos ideológicos una identidad muy cercana entre los principios de libertad, igualdad y fraternidad que propugna la Masonería no como concepciones abstractas sino como enfrentamientos con la realidad. Así, los objetivos de sus ideas socialistas buscaban la justicia social aplicando los mismos principios.

Persiguiendo este fin, se afianzó su militancia en el Partido Socialista, que lo llevaría como Diputado al Congreso Nacional en el año 1937, para ocupar el Ministerio de Sanidad durante el Gobierno del también masón Pedro Aguirre Cerda.

CAMBIO DE LOGIA

Pero estas ocupaciones lo alejan de Valparaíso, por lo que para continuar su actividad masónica solicita cambio de Logia, afiliándose a la Logia Hiram n.° 65, en Santiago de Chile, el 8 de noviembre de 1940. En ella alcanzará el grado de Maestro y se verá acompañado en sus venidas por un buen número de hermanos de militancia socialista.

Sin embargo, ocurrió algo aparentemente contradictorio. En un Congreso del Partido realizado en Chillán, algunos sectores presentaron una moción por la que declaraban la incompatibilidad entre la militancia socialista y la pertenencia a la Masonería, olvidando, por ejemplo, que dos de los fundadores del socialismo chileno habían sido masones: Grove y Matte. Ante esta situación, Allende intervino demoliendo los argumentos de antimasonería y dando una lección iniciática y de socialismo. En 1965 escribiría: «Tengo conciencia de que, dentro y fuera de los talleres, me comporté como un masón».

Sin embargo, sus problemas no terminarían ahí y una crisis sobre la filosofía masónica y la realidad le llevaron a un periodo de reflexión tras el que en 1965 presentó una carta renunciando a su afiliación masónica. Pero los HH. de la Logia Hiram rechazaron unánimemente su renuncia, invitándolo a permanecer en sus filas, tras lo cual Allende no persistió en su renuncia y continuó dentro de la Institución.

A lo largo de su vida, Salvador Allende argumentaría las razones que le llevaron a ingresar en la orden masónica: «De ambiente familiar sin prejuicios dogmáticos y atraído por el papel de los masones desde los albores de la independencia; por la dura tarea de la Orden en su inalterable lucha con el mal y por el bien; por la acción profana de las instituciones en sus afanes de eliminar la desigualdad social; por sus esfuerzos para barrer la intolerancia y superar el oscurantismo y por imponer un régimen de igualdad de derechos y de expectativas para todos los hombres, ingresé en la Orden».

Hasta su muerte, el 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende intentó llevar a la práctica su deseo de ser útil para la Humanidad y, pese a las discrepancias propias del género humano, se puede decir que lo consiguió como masón, político y médico, pero, sobre todo, como hombre.