Humanismo Laico

Laicismo y Humanismo van de la mano. La laicidad trasciende a diversas opciones espirituales, recordando a los Hombres que la Humanidad es Una, antes de especificarse en creencias.

El laicismo es la condición de posibilidad para la convivencia de los particularismos, proporcionando espacio de diálogo, valores y lenguajes comunes que propician el debate en un ambiente de mutuo respeto y comprensión.

Los Humanismos convergen en su pregunta ¿Qué es el Hombre?, y es, en esta pregunta que se aloja la clave del Humanismo que podemos llamar Laico. Somos en el mundo, el cual nos afecta y al cual afectamos. Nuestra existencia sólo se entiende en una existencia con otros. Somos seres Históricos, nos situamos en el tiempo, lo que nos permite preguntarnos respecto de nuestro origen y nuestro futuro.

El Humanismo Laico NO entrega respuestas únicas respecto del Hombre, su existencia, su trascendencia, sino por el contrario, permite abrir el horizonte de la pregunta para que cada cual busque en sí mismo y con los demás sus respuestas.

El Laicismo es Humanista en virtud de aquellas preguntas fundamentales que hacen que el ser que somos en cada caso, pueda ser considerado Humano.

El Laicismo-Humanista de hoy debe estar fundamentalmente dirigido además de su rol tradicional, a la formación cívica del ciudadano, a luchar contra las nuevas patologías sociales que atentan contra la convivencia civilizada, a defender colectivos sociales discriminados, a evitar que medios de comunicación sean utilizados como recursos monopólicos de manipulación política o religiosa. La relación entre lo Temporal y lo Espiritual, entre la norma pública y la fe, no debe ser de confrontación, sino de autonomía recíproca.

Las sociedades modernas deben basar sus acuerdos en leyes y discursos No Confesionales, discutibles y revocables, de aceptación, en último caso, voluntaria y humanamente acordada. Deben tener acogida diferentes creencias religiosas en cuanto a derecho de quienes las asumen, pero no como deber imperativo. Lo mismo resulta válido para distintas expresiones de la cultura comunitaria, aunque no sean estrictamente religiosas.

Las religiones pueden orientar a sus creyentes, pero no están facultadas para establecer el Deber Ser de toda la sociedad. Deben adaptarse y aceptar las Leyes Humanas y nunca al revés.

La lucha del laicismo no es en contra de ideas, sino que su lucha se centra en evitar que desaparezcan los equilibrios que el Estado debe mantener respecto de la libertad de conciencia y la no discriminación.

Perteneciendo la religiosidad al ámbito estrictamente privado, los poderes públicos en general, deben inhabilitarse de poseer este atributo, así como de cualquier tipo de convicción que habite el espacio de la conciencia.

El Estado no puede suprimir el ejercicio libre de las religiones o creencias o imponer una determinada visión no confesional como en el caso de los totalitarismos.

De ello deriva que el rol Laico del estado es inseparable de la democracia como su sustento básico. El laicismo debe reclamar una formación moral laica y una forma cívica del Hombre también Laica.

El Humanismo Laico respeta una postura que defiende la independencia del Hombre, la Sociedad, y del Estado de toda influencia dogmática, sea religiosa, política, social o cultural, que pueda impedir el desarrollo libre del espíritu.

Porque el Hombre es el centro de sus preocupaciones, objeto y sujeto de sus estudios. Se preocupa que la razón guíe sus pasos y le permita pensar por sí mismo, liberándolo de prejuicios y supersticiones. Porque están a la base de la democracia y la Tolerancia. Porque le asiste el convencimiento de la fuerza del Libre Examen, del derecho y el deber que tiene todo Ser Humano de cuestionar las ideas. Es un imperativo comprender que la labor en pro de estos postulados es una tarea inconclusa y se debe continuar luchando para que finalmente se imponga el valor de la Razón y el proceso interminable de la búsqueda constante de la Verdad.

Entonces, estimados docentes, alumnos y apoderados, despleguemos las herramientas de la Razón y la Moral Humanista y Laica. Continuemos cuantas veces sea necesario realizando un examen de nuestras conciencias, demos alas a nuestro espíritu inquisidor, a nuestra Inteligencia inquisidora. Con Valor salgamos al rescate del ser Humano, especialmente de aquel que aún está envuelto por las tinieblas de la ignorancia y no puede ver más que sombras. Seamos Prudentes en nuestro pensar y actuar. Practiquemos la Rectitud, la Tolerancia, la Caridad, la verdadera Fraternidad. Seamos intolerantes frente a las injusticias. Reconozcamos la Libertad, Dignidad, Autonomía e Independencia del Espíritu Humano. No impongamos concepciones políticas, económicas, religiosas, o formas de vida o de trabajo. Dirijamos nuestro camino hacia el desarrollo de Valores. Propiciemos el desarrollo de los principios de aquella ya más que bicentenaria Revolución (francesa), en que los derechos del Hombre ocuparon un lugar destacado y se defendieron con fuerza inusitada, hablamos de la Igualdad, Justicia y Libertad.

DINO C. PALAVECINO C.

PSICÓLOGO EDUCACIONAL

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