Laicismo en la Orden

Así como la caridad comienza por casa, en nuestra Q.·. Ord.·. no puede faltar el espíritu laico o laicista, sea en el desarrollo de nuestros RRit.·. y TTrab.·. como en la exposición de nuestras opiniones. Convencidos profundamente de que en cuanto a la Verdad Absoluta, si bien existe, nadie está capacitado todavía para conocerla ni para ser su interlocutor válido, los MMas.·. debemos ser conscientes, en primer lugar, que la Inst.·. no intentará recetarnos ninguna Verdad para aceptar sin cuestionar, y que ningún M.·. tiene derecho a inculcar opiniones o ideas a sus HH..·. Lo único que puede transmitir la Ord.·. se halla palpitante dentro de sus RRit.·. y SSimb.·., pero están al criterio de la libre interpretación personal que pueda elaborar cada H..·. La Verdad de la Mas.·. es la Verdad que cada uno de sus adeptos posee libremente, Verdad seleccionada por el relativo Tribunal Interno que cada uno de nosotros tiene. La Ob.·. ve con muy buenos ojos el intercambio y la discusión fecunda de las ideas entre sus Hijos, porque la riqueza de la Mas.·. es el producto del intercambio libre y constructivo de las diversas opiniones de los HH.·. teniendo cada uno la seguridad de que no se intentará imponerles nada y de que se les dejará libres para adoptar nuevas conclusiones o mantener sus posturas iniciales. El Laicismo se convierte por lo tanto en una garantía de la Libertad de Pensamiento de los MM.·. dentro de la Ord.·., alimentado por el fuego de la Frat.·. que debe reinar entre nosotros. La Laicidad es uno de los mayores valores de la Mas..·. Como dijera Albert Bayet (“Laicidad siglo XX”), según palabras que aplican a la Mas.·. y a los MM.·., “… los laicistas podemos tender la mano tanto a los fieles de todas las religiones, como a los que sostienen las diversas corrientes de opinión. A los que afirman como a los que dudan, a los que saben cómo a los que investigan… es decir, a todos los que piensan…En lugar del fanatismo que separa y restringe la laicidad busca la armonía en la variedad y concibe a la verdad como una búsqueda conjunta, donde las diversas corrientes tienen que aportar”. “…lo absoluto y lo inmutable…deben ser sustituidos por lo relativo y lo variable, por la duda fecunda y por la razón inquisitiva. Así, en la teoría hecha práctica, Ten.·. a Ten.·. se labra el Laicismo en la Ord..·. El Laicismo dentro de nuestra Inst.·., como sabemos, es tolerancia, paz y respeto, y si en el interior de los TTemp.·. y del corazón de los HH.·. no brilla la Luz del Laicismo, más nos valdría retirarnos en el Silencio de Ap.·. (aunque esta vez Silencio de la humillación) a nuestras moradas. En nuestras Logias se puede emitir libremente las ideas in voce o por escrito, siempre que éstas no salgan del orden moral y se expresen con la cultura debida. Pero a su vez, todo M.·. tiene el deber de “respetar las ideas ajenas sin perjuicio de luchar e imponer por la razón las propias, aunque la verdadera actitud no debería ser de intentar imponer, sino de proponer, de dar a reflexionar. Y todos debemos escuchar a esos HH.·. con gusto, en Silencio y humildemente, sabiendo que siempre habrá en sus palabras algo para enriquecernos. En este ambiente de respeto y tolerancia, se busca propender a la evolución general de la Orden dentro de su tradicionalismo racionalista, buscando siempre la Verdad y respetando la de cada uno Este debe ser el ambiente laicista dentro de nuestra Mas.·.

El Neófito que se halla en las tinieblas y en la oscuridad del Cuarto de Reflexiones ya puede encontrar este sentimiento laico o laicista. A diferencia de antaño, ya no se pregunta ni averigua la Religión de los PProf.·. a iniciar.

Respetuosa al máximo nuestra Ord.·. de la no imposición de formas de pensar a los individuos, se debiera sustituir en los TTest.·. MMas.·. la antigua pregunta “¿Qué debe el hombre a Dios?”, para cuidar que el neófito no se vea comprometido a responder sobre algo que pudiere lastimar sus íntimas convicciones, por la pregunta “¿Qué concepto tiene de la Creación y de la Vida?”. Recién ingresado en el recinto del Temp.·., el Ven.·. Maest.·. le aclara al neófito desde el principio que no hay ánimo de inculcarle ideas; sólo de levantar una punta del velo de las enseñanzas de la Ord..·.

En la transmisión de las enseñanzas y en la explicación de los SSimb.·. MMas.·. no podemos olvidarnos del ideal laicista. Los HH.·. y en especial los HH.·. SSeg.·. VVig.·., encargados particularmente de instruir a los AAp.·., deben cuidarse muy bien de advertirle a estos AAp.·. que su intención nunca será la de inculcarles ideas, ni de transmitirles una “Verdad oficial de la Ord.·.” (Verdad que ésta no tiene) sino la de orientarles y de darles elementos para que ellos mismos se animen y lancen a buscar e investigar, a fin de que cada Ap.·. labre su Verdad personal y logre una convicción firme sobre el tema objeto de la instrucción. El H.·. Seg.·. Vig.·. no es ningún profesor sapientísimo sino un simple y humilde orientador que también busca la Verdad con los AAp..·.

Francia supo ser más independiente de criterio cuando en 1877 eliminó a la Biblia del Ara y suprimió las invocaciones al G.·. A.·. D.·. U.·., lo que condujo al cisma y ruptura de relaciones entre las potencias masónicas de Inglaterra y Francia, conflicto que se mantienen hoy día a pesar de todo el daño que ello ocasiona a nuestra Cadena.

Ser Laico o Laicista en la Mas.·. significa, como dijimos, tolerancia, respeto y permitir la libertad de conciencia absoluta, para que el H.·. adepto desenvuelva tranquilamente sus propias convicciones y maneje sin presiones sus propios asuntos.

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