El Laicismo, Condición de Emancipación

La triple exigencia laica de la estricta separación de Iglesias y Estado, la neutralidad del espacio público, y la eliminación de todo privilegio institucional de la religión, solo es vivida como una ofensa o un ataque a la religión por la jerarquía de la religión dominante. Toda religión, cuando ha sido dominada, ha abrazado los principios del laicismo, y cuando ha pasado a ser dominante, los ha desacreditado resistiéndose a perder sus privilegios.

El mismo cristianismo, cuando era presa de las persecuciones antes de ser proclamada religión oficial del Imperio por Teodosio (año 380), reclamaba la libertad de conciencia y la igualdad. Pero pronto pasó de ser perseguida

La doble emancipación

La libertad constituye la naturaleza esencial del ser humano, y como tal, no ha de depender de la voluntad de ningún soberano externo. Cualquier obstáculo a esa libertad convierte al ser humano en mero objeto alienado, instrumento manejable al servicio del poder. Por eso, el Estado y sus instituciones, especialmente la Escuela, deben ser laicas, pues solo desde el marco de la separación jurídica de las Iglesias y el Estado y la neutralidad de este último en materia espiritual, puede ser garantizada y promovida la libertad de conciencia de todos los individuos sin coacciones de ningún tipo.

Cuando una religión disfruta de privilegios institucionales en el ámbito público se está discriminando a quienes no se reconocen libremente en esa religión. Dicha religión, dominante desde ese momento, se impone a todos, y no solo a todos los individuos reales, sino también a todos los posibles, que quedan sujetos a un sistema donde se discrimina por cuestiones religiosas, condicionando en ocasiones, y en otras directamente anulando la libertad de conciencia.

En un Estado laico, el principio de horizontalidad entre todos los ciudadanos sustituye al principio de verticalidad, propio de un modelo confesional o multi confesional de Estado, en los que unos ciudadanos disfrutan de privilegios que otros no tienen, por el mero hecho de adherirse a creencias distintas.

La lucha por el laicismo es la lucha por la emancipación de las conciencias. Pero esta lucha estará inacabada mientras una religión particular siga gozando de prerrogativas ilegítimas en el ámbito público. Esto es precisamente lo que ocurre en España, donde la Iglesia católica sigue disfrutando de los privilegios heredados del concordato de Franco en 1953, ratificado en los acuerdos de 1979.

“Cuaderno de Formación” de Europa Laica