Fundamentos Democráticos del Laicismo en la Escuela

“Cuaderno de Formación”

No obstante las dificultades señaladas para la generalización de un modelo de  Escuela pública y laica, resulta evidente su íntima relación con los principios democráticos, formalmente reconocidos en las declaraciones y conferencias universales sobre Derechos Humanos con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, y suscritos por la casi totalidad de los países. De forma resumida y no exhaustiva cabe señalar como fundamentos de la Escuela laica:

El derecho universal a la educación y la Escuela como institución pública. Si la educación es considerada como un derecho democrático fundamental, un bien público y común, únicamente el Estado puede garantizarlo de forma universal e igualitaria. A la Escuela, como institución destinada a la formación del conjunto de los ciudadanos y a todos sus niveles, debe extenderse, por tanto, el carácter aconfesional y neutral del Estado en materia religiosa e ideológica. Igualdad de trato: integración frente a segregación ideológica. De lo anterior y de la igualdad de trato reconocida a todos los ciudadanos bajo las mismas leyes, se deriva que en la Escuela pública no cabe discriminación “por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición”, como explícitamente recogen las leyes educativas.

Debe prevalecer siempre su carácter inclusivo por encima de las diferencias de origen. En consecuencia, no puede existir  en momento alguno y dentro de los centros escolares segregación de unos con respecto a otros por motivos de creencias o ideologías particulares, no tanto de los alumnos (que, por edad, en buena parte carecen de autonomía y criterio propio), sino, menos aún, de sus padres. El respeto a la independencia del marco escolar común -y en varios tramos obligatorio- exige preservarlo frente a cualquier intento de hacer un uso sectario de la Escuela por parte de las familias o por determinadas comunidades.

Respeto a la libertad de conciencia del niño, ciudadano en formación. Si el Estado y sus instituciones, que conforman la esfera de lo público y común, están obligados a respetar y hacer respetar ese derecho fundamental de las personas (libertad de pensamiento y conciencia), con mayor razón han de garantizar que en el marco escolar, y por encima de su titularidad, en modo alguno pueda verse atropellado por tratarse, además, de niños y jóvenes carentes aún de plena autonomía y desarrollo.

Esa formulación del derecho, aparentemente negativa (no injerencia en la conciencia personal), también tiene su correlato positivo: un Estado democrático debe proponerse formar hombres libres, con discernimiento propio y no sujetos a dogmas desde la más tierna infancia. Como recogíamos al principio, la educación laica no es una opción entre otras: es el método educativo específico de la democracia.

Los fines propios de la Escuela.
Es cierto que intervienen múltiples agentes en la educación, pero la función específica que compete a la Escuela es la instrucción en los saberes comunes y fundamentales para el desarrollo de todos los ciudadanos, la de poner a su alcance -en condiciones de igualdad- el acceso al patrimonio cultural de la humanidad, para la propia formación personal e integración social. La enseñanza pública solo debe aportar, en consecuencia, los saberes científicos  y humanísticos asentados en el esfuerzo incesante a lo largo de la historia por el conocimiento, así como los valores esenciales para la convivencia común y democrática, que permitan formar ciudadanos instruidos, con criterio y capaces de participar activamente en la res pública. De ahí, el carácter emancipador, personal y social, de la escuela republicana: formar para la autonomía de juicio y el ejercicio de los derechos ciudadanos.

La aplicación específica del principio de laicidad a la escuela exige un celo especial en preservar sus funciones peculiares (entre ellas, educar para la libertad y en el rigor del pensamiento), que no se pueden disolver ni confundir con las desarrolladas en otros ámbitos de la sociedad civil y adulta.