Laicismo

 LAICISMO

La “laicidad” es una regla de vida en sociedad democrática. Impone que se den a los hombres, sin distinción de clase, origen o confesión, los medios para ser ellos mismos, libres de compromisos, responsables de su desarrollo y maestros de su destino.

La historia:

La reivindicación laica se ha desarrollado esencialmente allí donde una iglesia (con mayor frecuencia, la católico-romana) ha querido imponer un poder totalitario en sentido estricto, es decir, que englobe todos los aspectos de la sociedad civil, política, económica… allí donde la religión se ha convertido en poder.

Frente a este poder se han manifestado sucesivos impulsos de liberación, unas veces política, otras espiritual o ambas a la vez. En la Edad Media, nacieron en el seno de la Iglesia Católica algunos movimientos inmediatamente calificados como heréticos y rápidamente sofocados. De los primeros reformadores a los filósofos del siglo XVIII, la idea evolucionó, permaneciendo, no obstante, asociada a un doble movimiento emancipador:

* El del librepensamiento, que se liberaba poco a poco de los dogmas.

* El de una sociedad que reivindicaba las libertades políticas.

Frente a esto, la Iglesia Católica, dirigida por un papado enganchado a un poder temporal ni siquiera reconocido por sus textos fundacionales, se fue encerrando cada vez más en un rechazo total, una negación definitiva de todo movimiento emancipador.

La más que milenaria alianza entre el trono y el altar hizo inevitable la contestación religiosa desde el mismo momento en que se patentizaba la contestación política.

En este estado espiritual, los filósofos del siglo XVIII, animados por el espíritu de las Luces, efectúan un doble asalto ideológico contra las dos formas de absolutismo, regia y religiosa. La reivindicación de la libertad de pensar y la referencia a la Razón radicalizan este movimiento.

En el siglo XIX, la progresiva formación de la idea republicana, su anclaje en la plataforma de las libertades revolucionarias, del progreso social, de la liberación de los espíritus de toda forma de oscurantismo, dio el toque final a esta evolución.

La separación de las iglesias y el Estado habría podido ser el símbolo de de acabamiento de una etapa esencial, de no haber sido cuestionada constantemente, directa o indirectamente, por los ataques de todos los que están convencidos de que el hombre es incapaz de asumir plenamente los efectos de su libertad absoluta de conciencia.

Si en muchas ocasiones en la historia todos los grandes combates por la libertad y la justicia fueron portadores de la exigencia de “laicidad”, todos los períodos reaccionarios viraron por oposición al regreso de la dominación religiosa. La dictadura de Franco, entre ellos.

Renacimiento, Reforma, Revolución, República: estas diferentes etapas de la formación del ideal laico han dado al ciudadano un sitio particular en la Europa en construcción. El problema actual en este sentido es claro:

* O renuncia a esta especificidad y abandona el enorme progreso ya alcanzado en la historia.

* O se convence de que la idea laica, lejos de suponer un freno para la integración europea, puede ser, al contrario, una enorme aceleración de la marcha hacia la unidad.

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