El Laicismo como Filosofía Política plenamente moderna

Apuntes sobre el Laicismo
LAICISMO.ORG

El laicismo defiende la libertad de conciencia, y en ese sentido asume un juicio de hecho, otro de valor, y un presupuesto anti fundamentalista.

El juicio de hecho es la constatación del pluralismo ideológico en las sociedades modernas y la diversidad cultural, identitaria y de formas de vida.

El juicio de valor es la valoración positiva que el laicismo hace de ese pluralismo y diversidad intercultural: la sociedad se enriquece de esa forma. El presupuesto anti-fundamentalista recoge la condición de posibilidad de ese hecho y esa valoración: que no es posible ni deseable la homogeneidad ideológica, cultural o identitaria en base a una única opción ideológica, religiosa o del tipo que sea, lo que implica que es imposible establecer una verdad dogmática, definitiva, última e incontestable que pudiera servir de fundamento de esa homogeneidad. Si fuera posible saber con certeza total que existe algún dios o ninguno, o alguna verdad absoluta similar, no tendría sentido el pluralismo a ese respecto (como no tiene sentido –hoy por hoy– el “pluralismo” con respecto al resultado de la suma de 2+2, sobre la velocidad de la luz o la constante de Avogadro).

Es la ausencia de ese fundamento absoluto lo que permite que cada individuo, desde su libertad de conciencia, pensamiento y opinión, pueda creer lo que mejor le parezca al respecto de esas cuestiones metafísicas y también religiosas o espirituales. De ahí que ninguna de ellas pueda servir de nexo común de la convivencia, ni de fuente de la legitimidad política o jurídica, ni de base para ninguna moral compartida.

Si así fuera, si el orden social, político o moral se estableciera en base a unas creencias no-comprobadas, se estaría incurriendo en fundamentalismo.

Lo dicho no implica relativismo de ningún tipo. El laicismo afirma unos valores y unos principios de convivencia que desde el relativismo serían imposibles (pues el relativismo niega todo tipo de verdad universal, incluso las que sean racionales o científicas). Que no exista ningún fundamento absoluto no quiere decir que no sea posible la convivencia en la diversidad y la pluralidad ideológica.
De hecho, el laicismo lo que propone es un modelo para eso mismo.

El modelo laicista lo que plantea es la necesidad de distinguir entre los ámbitos público y privado, separándolos. Situando en el privado todas esas creencias en opciones ontológicas, metafísicas, espirituales, religiosas o vitales, que son de sumo valor para quienes las creen, pero que no tienen por qué ser compartidas por los demás. Y en el público aquellas instituciones cuya nota esencial es la universalidad en tanto que comunes a todos los ciudadanos y relativas a sus derechos y deberes como tales ciudadanos. Su universalidad se desprende de su propia racionalidad y de que son condiciones de posibilidad de la propia convivencia. Por ejemplo, la libertad de expresión no puede no ser un derecho universal de todo individuo pues incluso aquel que expresa su opinión contraria a ese derecho, estaría haciendo uso de él y afirmándolo, contradiciendo así su propia opinión y negándole validez. La propia racionalidad que nos hace conscientes de esto mismo es también, por tanto, necesaria en, y condición de posibilidad de, ese ámbito público en tanto que universal: el ámbito público es también el de la racionalidad, el del discurso argumentado, el de la deliberación en base a razones, pruebas y argumentos (a diferencia del privado en el caben los aspectos más pasionales, sentimentales, íntimos, inconfesables e, incluso, irracionales).

El laicismo asume plenamente la modernidad: la autonomía de la sociedad con base en la capacidad de la propia razón para esa auto normatividad y la consiguiente independencia con respecto a cualquier religión o principio irracional en su configuración de la política, la ética, la ciencia, etc., sin referencia a algo sagrado o más allá de la razón. Es por eso que el laicismo distingue el ámbito público, universal y racional, que es común a todos los individuos en tanto que seres racionales, y desde el que se dan sus propias normas, del otro ámbito privado en el que cada individuo puede creer y vivir con libertad de acuerdo a su propia conciencia.

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