Las Batallas del Laicismo en el Chile del siglo XXI

Las batallas del laicismo en el Chile del siglo XXI

Por Alexander Linford

A continuación enumeraré algunos hechos plenamente vigentes en nuestro país y que nos darán una respuesta: oficialismo religioso católico en la Fuerzas Armadas y de Orden, existencia de capillas católicas en instituciones del Estado, enseñanza religiosa católica en las escuelas públicas, ceremonias religiosas oficiales en organismos públicos, simbología católica en entidades del Estado, aportes del erario fiscal para construcción de infraestructura religiosa, concurrencia con poderes y recursos del Estado a actividades internas de la Iglesia Católica.
En el nombre de Dios y de la Patria se abre la sesión, con esta frase pronunciada por la Presidenta del Senado, Sra. Isabel Allende Bussi, comenzaba el cambio de mando mediante el cual Michelle Bachelet daría inicio a su segundo periodo como Presidenta de la República el 11 de marzo de 2014; 89 años antes, el día 30 de agosto se realizaba un plebiscito para aprobar la Constitución de 1925, mediante la cual se logró la aprobación de dicha Constitución y la separación de la Iglesia y el Estado… algo no cuadra.

El laicismo es definido por la Real Academia Española como la “doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad, y más particularmente, del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”, por tanto, desde este punto de vista podríamos decir que desde el año 1925, con la dictación de la Constitución, Chile es efectivamente un país laico, sin embargo, debemos tener en consideración que el concepto que nos entrega la Real Academia Española a mi parecer es algo acotado y de forma personal prefiero señalar que el laicismo, más que un concepto, es una forma de vida, basada en la experiencia humana, en la tolerancia, el libre examen, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el progresismo y la democracia, llevándonos estos mismos principios laicos, a dar una constante y gran lucha, que es la búsqueda de una sociedad justa, progresista y fraternal, que dicte una enseñanza laica, aconfesional, con instituciones públicas imparciales, garantes de la dignidad de la persona y los derechos humanos, sin exclusiones religiosas, raciales, de origen, políticas, sexuales, en conclusión, de ningún tipo.

A continuación enumeraré algunos hechos plenamente vigentes en nuestro país y que nos darán una respuesta: oficialismo religioso católico en la Fuerzas Armadas y de Orden, existencia de capillas católicas en instituciones del Estado, enseñanza religiosa católica en las escuelas públicas, ceremonias religiosas oficiales en organismos públicos, simbología católica en entidades del Estado, aportes del erario fiscal para construcción de infraestructura religiosa, concurrencia con poderes y recursos del Estado a actividades internas de la Iglesia Católica.
Ya teniendo una noción un poco más concreta, más allá del recuerdo, de lo que es el laicismo, es posible sostener que la primera victoria del laicismo fue en la redacción de la Declaración de Independencia, cuando el Director Supremo, Don Bernardo O’Higgins, refutó que se hiciera en su texto alusiones de carácter religioso, dado que “podía chocar algún día con nuestros principios políticos… los países cultos han proclamado abiertamente la libertad de creencias… Proclamar en Chile una religión excluyente significaría prohibir la emigración hacia nosotros de una multitud de talentos y brazos útiles que abundan en el otro continente” y la última gran victoria en favor de la libertad de conciencia fue la nueva Ley de matrimonio civil del año 2004, donde se estipuló el divorcio vincular.

Sin embargo, ¿fuera de la separación formal entre Iglesia y Estado en Chile, existe una separación material?
A continuación enumeraré algunos hechos plenamente vigentes en nuestro país y que nos darán una respuesta: oficialismo religioso católico en la Fuerzas Armadas y de Orden, existencia de capillas católicas en instituciones del Estado, enseñanza religiosa católica en las escuelas públicas, ceremonias religiosas oficiales en organismos públicos, simbología católica en entidades del Estado, aportes del erario fiscal para construcción de infraestructura religiosa, concurrencia con poderes y recursos del Estado a actividades internas de la Iglesia Católica (investiduras cardenalicias y proclamaciones de santidad), capellanías con cargo fiscal, liturgias en horarios de trabajo en la administración pública, aportes a entidades educacionales donde el evento pedagógico se declara manifiestamente para asentar la fe propia, y asignación de terrenos fiscales para construir lugares de culto.

Pero esto no es lo único, si hablamos de libertad de conciencia es necesario también estipular como banderas de lucha del laicismo en el siglo XXI: el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia, la despenalización de la marihuana y la derogación del Decreto N° 924 que obliga a la realización de clases de religión en los colegios.

Como vemos aún existen muchas banderas de lucha para el laicismo, no siendo este sólo parte de la historia de Chile, sino que es algo vigente y que cada día retoma la fuerza que tuvo cuando los que tomaron sus banderas fueron grandes hombres como O’Higgins, Bilbao, Santa María, Aguirre Cerda y Allende entre otros.

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