Los Misterios

Los Misterios

Aldo Lavagnini
Manual del Aprendiz

Hubo misterios instituidos en todos los pueblos conocidos por la historia en la era precristiana: en Egipto como en la India, en Persia, Caldea, Siria, Grecia y en todas las naciones mediterráneas, entre los druidas, los godos, los escitas y los pueblos escandinavos, en la China y entre los pueblos indígenas de América. Pueden observarse trazas de ellos en las curiosas ceremonias y costumbres de las tribus de África y Australia, y en todos los pueblos llamados primitivos, a los que tal vez, más justamente, deberíamos considerar como supérstites degenerados de razas y civilizaciones más antiguas.

Tuvieron fama especialmente los Misterios de Isis y de Osiris en Egipto; los de Orfeo y Dionisios y los Eleusinos en Grecia, y los de Mitra, que, desde Persia, se extendieron, con las legiones romanas, por todos los países del imperio. Menos conocidos y menos brillantes, especialmente en su período de decadencia y degeneración, fueron los de Creta y los de Samotracia, los de Venus en Chipre, los de Tammuz en Siria y muchos otros. También la religión cristiana tuvo en el principio sus Misterios, como surge de los indicios de naturaleza inequívoca que encontramos en los escritos de los primitivos Padres de la Iglesia, enseñándose a los más adelantados un aspecto más profundo e interno de la religión, a semejanza de lo que hacía el mismo Jesús, que instruía al pueblo por medio de parábolas, alegorías y preceptos morales, reservando al pequeño círculo elegido de los discípulos –los que escuchaban y ponían en práctica la Palabra- sus enseñanzas esotéricas. La esencia de los Misterios Cristianos se ha conservado en las ceremonias que constituyen actualmente los Sacramentos.

Igualmente la religión musulmana, así como el Budismo y la antigua religión brahmánica, tuvieron y tienen sus Misterios, que han conservado y conservan hasta hoy muchas prácticas sin duda anteriores al establecimiento de dichas religiones, reminiscencia de aquellos que se celebraban entre los antiguos árabes, caldeos y arameos y fenicios, por lo que se refiere a la primera, y entre los pueblos del Asia Central y Meridional, por los segundos. Aunque los nombres difieran, y difieran más o menos la forma simbólica y los particulares de la enseñanza y de su aplicación, ha sido característica fundamental y originaria de todos la transmisión de una misma Doctrina Esotérica, en grados distintos y sucesivos, según la madurez moral y espiritual de los candidatos, a los cuales se sometía a pruebas (muchas veces difíciles y espantosas) para reconocerla, subordinándose la comunicación de la enseñanza simbólica, y de los instrumentos claves para interpretarla, a la firmeza y fortaleza de ánimo demostradas en superar estas pruebas. La propia Doctrina nunca ha variado en sí misma, aunque se haya revestido de formas diferentes (pero casi siempre análogas o muy semejantes) e interpretada más o menos perfecta o imperfectamente y de una manera más o menos profunda o superficial, por efecto de la degeneración, a la que con el tiempo sucumbieron los instrumentos o medios humanos a los cuales se había confiado. Esta unidad fundamental, así como la analogía entre los medios, puede considerarse como prueba suficiente de la unidad de origen de todos los Misterios de un mismo y único Manantial, del cual han derivado igualmente, o fueron inspiradas, las diferentes instituciones y tradiciones religiosas, y la Masonería, en sus formas primitivas y recientes.

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