Las trilogías

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Oswald Wirth – El Libro del Aprendiz

Los antiguos masones hacían descansar su obra sobre tres grandes pilares llamados Sabiduría, Fuerza y Belleza, en honor de antiguos dioses a los que los fabricantes de imágenes de la Edad Media han consagrado tres de las 22 composiciones alegóricas del tarot.

La Sabiduría se nos muestra con los rasgos de una celeste Emperatriz, alada como la Virgen zodiacal o Venus Urania. Es la Sophia de los Gnósticos, la madre original de las ideas generatrices de las formas. Es ella la inteligencia que concibe el proyecto del edificio y decreta el plano. La fuerza ejecuta las concepciones dominando las energías rebeldes.  No es un atleta, sino una mujer graciosa y frágil que domina sonriente a un león, emblema de las pasiones que es preciso someter y disciplinar en bien de la gran Obra que debe proseguirse.

Tal cual la Verdad, la Belleza se muestra desnuda. Ella riega la tierra árida que al momento se adorna de verdura y de flores. Es la Idealidad, el hada que embellece y hace amar la vida a despecho de sus miserias y de sus crueldades.

El triángulo masónico es a veces comentado por las palabras:

Pensar Bien

Hablar Bien Hacer Bien.

Pero a los ojos de la Masonería latina él evoca la divisa:

Libertad, Igualdad, Fraternidad.

En política esta fórmula ha podido reservar decepciones; no es lo mismo en iniciación.

La verdadera Libertad pertenece al hombre libre de la tiranía de los vicios y de las pasiones, tanto como la servidumbre de errores y prejuicios. Ella es solamente don del Iniciado que permanece libre aunque estuviere cargado de cadenas por los enemigos del bien. La Libertad real es inalienable: el hombre la lleva en sí mismo y ningún déspota puede atentar contra ella.

La Igualdad sólo es efectiva a los ojos del filósofo que considera al mundo como un teatro en el que cada uno juega un rol convenido. Bien ridículo sería el actor disfrazado de príncipe si despreciara a su camarada llamado a desempeñar el papel de mendigo. ¿No son igualmente comediantes?  Y si el uno es superior al otro, no es acaso el que haya interpretado mejor las instrucciones del dramaturgo?.

La Fraternidad fluye de los anglo-sajones, de la persuasión de que todos somos hijos de un mismo Dios. Haciendo abstracción de toda teología, los Latinos fundan en el sentimiento de solidaridad humana la convicción de que hay entre los hombres lazos más potentes que los de la simple consanguinidad. El género humano es mucho más unido que lo que podría serlo una gran familia, porque constituye un cuerpo único del cual somos las células animadas de una misma vida general.

Engañar a otro es hacerse mal a sí mismo, por el daño causado a la colectividad.

Dedicarse al bien de todos se traduce, al contrario, por un desarrollo benéfico del valor individual, y el bien realizado repercute sobre su autor.