¿Cómo debe realizarse la Fraternidad?

Se habla mucho de fraternidad entre los masones, como entre los miembros de otras sociedades que la sustentan entre sus objetos; pero, si del campo de la palabra y de la pura teoría, dirigimos nuestra mirada a la práctica de la vida diaria, vemos cómo la efectiva realización de la fraternidad deja mucho que desear, y ésta es la causa de que muchos se desilusionen y pierdan toda confianza sobre la veracidad de este ideal.

Y, sin embargo, nunca podemos esperar una realización de fraternidad diferente del entendimiento particular de cada cual. En otras palabras, no es suficiente que uno se llame masón o que sea miembro de otra fraternidad para que los demás deban sentirse con derecho a exigir una manifestación de fraternidad en todos los campos de la vida, conforme a sus particulares ideales.

El amor se da, pero nunca puede exigirse: lo mismo debe decirse de la fraternidad, que no puede ser sino una manifestación del amor. Ninguna verdadera y sincera manifestación de fraternidad puede obtenerse si no es en cuanto uno verdaderamente la siente y realiza interiormente: un masón se hará verdadero masón y hermano según sienta en sí mismo el Ideal Masónico y se reconozca como hermano de los demás.

Cuando uno progresa en el Sendero de la Vida (del cual la Masonería nos ofrece en sus ceremonias una maravillosa interpretación) y se acerca al reconocimiento (que no es únicamente un frío concepto o percepción intelectual, sino directa conciencia y sentimiento) de la realidad del Principio Único de todo, siente entonces interiormente, y de una manera siempre más clara, su íntima unión y solidaridad con toda manifestación de la Vida, y de esta íntima conciencia y sentimiento, una verdadera comprensión y realización de la fraternidad será la consecuencia espontánea y natural.

Que cada cual, pues, se eleve, a su manera, y según mejor pueda, sobre su egoísmo y su ignorancia, y que reconozca su verdadera naturaleza, manifestación del Principio de Vida que vive en todos los seres (y que ha recibido en Masonería el nombre de Gran Arquitecto), reconociendo así sus deberes, o sea su relación con el mismo Principio de Vida, con sí mismo y con sus semejantes. Este es el camino por medio del cual la Masonería enseña la fraternidad y busca su más práctica y efectiva realización.

Esta fraternidad será primeramente entre hermanos, pues sólo los que la entienden y se reconocen como hermanos pueden realizarla; pero, como el Amor no puede tener ningún límite verdadero, y no existe condición o estado en que no pueda manifestarse, no hay ser o manifestación de la Vida Universal, a quienes no pueda y deba extenderse. Esta es la Fraternidad de Iniciados y de los verdaderos Maestros.

Busquemos, pues, el Principio Supremo y básico de todo, reconozcamos la Verdad de la Unidad de la Vida y de la íntima indivisibilidad de todos los seres: en la proporción en que efectivamente lleguemos a este conocimiento, llegaremos también a reconocer y realizar la verdadera Fraternidad Masónica, y ésta cesará de ser una vana utopía y un ideal abstracto fuera de las posibilidades humanas.

Aldo Lavagnini.

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