Libertad, Igualdad, Fraternidad

Los  masones deben compenetrarse de que, en el dominio de las instituciones humanas, nada puede hacerse muy deprisa; la acción del tiempo es necesaria, así como lo enseña el simbolismo al químico de la preparación de la “piedra”.

Se olvida también, demasiado a menudo, que no es tanto el régimen social, o la forma de gobierno, lo que cuenta, sino el valor de los individuos que componen la Sociedad, su manera de conducirse hacia sus semejantes. Tanto valen los hombres que gobiernan tanto vale el sistema: todos los regímenes son arrastrados por revoluciones cuando, en lugar de asegurar equitativamente el bienestar de todos, dejan a una minoría aprovecharse injustamente de privilegios. Ahora bien, la justicia social no puede ser instaurada sino por el amor de cada uno para su prójimo.

El fondo mismo de la cuestión social –no la solución rápida, además imposible de los problemas actuales, sino la solución eternamente verdadera de la vida del grupo– es la cultura del individuo, la transformación del hombre animal en hombre humano. No es otra cosa sino el fin mismo que se propone la masonería. Para cumplir su misión, no tiene necesidad de tomar parte en los acontecimientos profanos y transitorios.

Como organización la masonería no actúa directamente sobre el plan profano. Su papel es preparar el terreno donde florecerán la Justicia y la Paz, es decir actual en el plano intelectual: su arma es la espada de la inteligencia. Sabe que el único medio de producir, aun socialmente, un cambio profundo y durable de un medio, es el de modificar su mentalidad; y querer empezar por las consecuencias es un método ilógico, digno de una imaginación impaciente y de una comprensión completamente profana.

Actitud expectativa, dirán algunos; en realidad, acción continua hacia su propio fin.

La masonería enseña el valor eterno de los principios de cultura humana e individual, independientemente de los lugares y de las épocas; da a los individuos, a sus agrupaciones, la noción clara y cierta de la solidaridad, reúne en sus Templos de la Sabiduría hombres enamorados de este ideal deseosos de aprender a vivir en común, cualquiera que sea la diferencia de sus temperamentos, al mismo tiempo que proclama la fraternidad, que mantiene el principio de la igualdad potencial de los individuos, igualdad de “derecho a la vida” es decir a un mínimum de bienestar y de cultura, da igual posibilidad de ascensión hacia los más altos destinos, por el esfuerzo perseverante; enseña la jerarquía de los seres, la necesidad para cada individuo de cumplir la tarea para la cual es competente, rehabilita todo trabajo, manual o intelectual, toda función social, siendo cada uno un elemento necesario de la armonía total y universal. Por su organización, por sus rituales, enseña que aun con un gobierno confiado a los mejores, el trabajo y el esfuerzo individuales permanecen necesarios.

Por el cultivo de la facultad mental, la masonería, que no es más que la sucesora de anteriores revelaciones y de iniciaciones y precedentes, irradia luz; poderosa corriente de luz intelectiva, de luz moral, que lanza vibraciones vivificantes, creadoras, en todas direcciones de Oriente a Occidente, Norte a Sur, brindando claridades prometedoras a la humanidad, a pesar de las interposiciones que presenta la incomprensibilidad, que se levanta y se pone a las corrientes del progreso.

La masonería es luz que permite a sus adeptos sondear en las profundidades lóbregas del egoísmo, para prescribirlo; que permite, sin herir sentimientos, sanear el ambiente mental despojándole de las miasmas del fanatismo, dispersando los fantasmas ancestrales.

Busca la perfección del hombre y el mejoramiento de sus condiciones de vida.

Sus bases son la justicia y la equidad.

Su lema: IGUALDAD, LIBERTAD, FRATERNIDAD.

Admite en su seno a todos los hombres sin distinción de conceptos filosóficos o creencias religiosas, sin distinción de rango social. Lo único que exige en la libertad de conciencia, la tolerancia recíproca.

Acoge en su seno a todos los hombres, con sus diversas ideas, porque no teme a la verdad.

Sus adeptos van asimilando poco a poco sus ideales y su moral; pero al mismo tiempo van ofreciendo a la masonería el contagio de las propias ideas, abrevadas en otras fuentes antes de ingresar a ella, con lo cual la robustecen.

Si el LIBRO DE LA LEY dice “buscad el reino de Dios, que todo lo demás se os dará por añadidura”, la masonería expresa: “hagamos bueno al hombre en lo intimo de su individualidad, que las bondades familiares, profesionales o sociales vendrán por añadidura

Fuente: Grupo Google alt.masonic