Cádiz, Londres y la Logia Lautarina en el proceso de emancipación

Profesor Luis A. Riveros
GRAN MAESTRO DE LA GRAN LOGIA DE CHILE

Profesor de Estado, Master y Doctor en Economía

Miembro de la Academia Chilena de Ciencias Sociales Políticas y Morales, de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía y de la Academia de Historia Militar.

Profesor Titular de la Universidad de Chile y Honorario de las Universidades de Nuevo León (México) y Autónoma de Barcelona (España)

.·.

No puede exigirse mayor claridad y precisión. La leyenda de que la logia de Londres fue fundada por Miranda o por Bolívar solo sería repetida por escritores mal informados [1].

INTRODUCCIÓN

¿Fue O’Higgins masón? ¿Fueron las Logias Lautarinas entidades propiamente masónicas? Estas preguntas, como otras relacionadas, formuladas casi dos siglos después de los hechos acaecidos con motivo de su vida política y militar, requieren de un sinnúmero de precisiones. Ciertamente, ellas no han de tener la misma respuesta que tendrían hoy en términos de la pertenencia a una organización iniciática y formadora en los valores de la libertad, la fraternidad y la igualdad en el marco de la tolerancia y el humanismo. Eran esos tiempos (los del Libertador) otros en cuanto a Lautaro el significado que adquiría la organización masónica en el mundo, como asimismo también distinto el carácter de esta organización en la América en proceso de emancipación del dominio español. A pesar de las crudas persecuciones contra el pensamiento libre en Europa, de lo cual la Inquisición en nuestra América pasa a ser un reflejo de su poderoso horror, la masonería se había venido desarrollando y asentando en Inglaterra, Francia, Alemania y varios otros países, desde el medioevo dominado por los masones operativos. La masonería especulativa comienza a desarrollarse a fines del siglo XVII, y encuentra este proceso su auge con la constitución de la Gran Logia Unida de Inglaterra a comienzos del siglo XVIII. España seguiría más tarde, ejerciendo desde allí una notable influencia hacia Inglaterra en el ánimo de promover activamente la independencia de las Colonias, proceso no ajeno al rechazo que provoca el nombramiento de José Bonaparte como Gran Maestro de la Masonería Española, en contrapartida a la intervención que aísla al rey y provoca, de este modo, el surgimiento de Juntas de Gobierno por toda América. Más tarde, es la Masonería la que auspicia la activa lucha por la liberación definitiva del dominio español, proceso donde las Logias Lautarinas alcanzan su apogeo, junto con el activo liderazgo de jóvenes venidos desde Europa que, como San Martín y O’Higgins, abrazaron el ideario libertario junto con el masónico.

Se ha mencionado usualmente que el abierto catolicismo de ambos héroes sería una demostración de su no pertenencia (y casi de su rechazo) a la Orden Masónica. Esta cuestión pasa por entender el concepto de masonería que se desarrolla en Europa durante el siglo XVII y la profunda vinculación que ella tiene con la Iglesia en el siglo XVIII, especialmente a partir de la influyente masonería inglesa. En España, un notable Gran Maestre masón pasa a ser también personaje de alta investidura en la Iglesia, así comprobando que no existía una gran contradicción como hoy día es posible observarla. De hecho, la pertenencia de sacerdotes en la masonería tanto en Europa como en América, pasa a ser una cuestión habitual en la observación histórica. Los casos del Padre Mier, del Canónigo Cardeña o de Fray Camilo Henríquez son notorios entre muchos otros [2]. Pero cierto es también que la Iglesia empleó evidentes esfuerzos por prohibir a la masonería debido a su apego al pensamiento religioso tolerante y amplio. Las persecuciones contra la masonería serían cosa común en España, Rusia e incluso Austria y Alemania, especialmente por el esfuerzo de los soberanos temporales por anular cualquier acción organizada contra su poder. Una separación profunda entre Iglesia y Masonería se consolidaría más tarde en América, cuando la Iglesia adquiere la potestad de símbolo defensor de la dominación colonial y cuando, a propósito de la liberación, inicia una nueva oleada de repudio al pensamiento libre y laico impulsado por la masonería en toda América.

Pero nunca prevaleció en la masonería europea una contradicción de principios en términos de concebir a los masones como personajes anti-iglesia o anti-creencias religiosas. De hecho, la Gran Logia Unida de Inglaterra sostenía que la creencia en Dios era un prerequisito para obtener la Iniciación, y solamente los Franceses propiciarían una actitud más favorable al ateísmo o a al más amplio librepensamiento, situación que llevaría a un distanciamiento aún presente en nuestros días entre ambos Orientes. Al propiciar las libertades ciudadana y de conciencia, era la masonería una organización amplia en la que tendrían cabida jóvenes católicos inspirados en las enseñanzas inglesas que, como San Martín, O’Higgins, Bello, Zapiola y tantos otros, serían fundamento en el proceso de construcción de las nuevas Repúblicas.

Este trabajo intenta reseñar esta particular dimensión de la vida de nuestro Prócer, destacando el rol que efectivamente cumplieron las Logias Lautarinas como organizaciones para-masónicas en el proceso de independencia de nuestras Naciones. En particular, este trabajo reseña que el ideario libertario no provino desde Londres, donde la fundación de la Logia atribuida a Francisco de Miranda, se había creído había sido efectivamente una iniciativa Británica. En realidad, la creación de esa Logia, la N° 7 “Caballeros Racionales”, provino de un impulso surgido en Cádiz, como una iniciativa propiamente española a favor del proceso de independencia americano y que originaría, más tarde, las logias lautarinas en suelo americano. En ese espíritu se educaron varios de nuestros libertadores con la participación de Francisco de Miranda, quien acogía a tanto joven americano en su propia casa, donde se permeaban de las ideas libertarias y de la actitud combativa del ilustre venezolano, y que más tarde pondrían a prueba en el proceso de liberación.

LOS ANTECEDENTES ILUSTRADOS

El proceso que acompaña la independencia de América está cargado de una mezcla de motivaciones políticas, económicas y sociales. Nuevos conceptos jurídicos, un naciente desenvolvimiento mercantil de las colonias, el aumento del tráfico comercial y, las nuevas ideas proveniente de Europa configuran antecedentes para las motivaciones independentistas. La Primera Junta Nacional de Gobierno, por ejemplo, toma como una de sus primeras medidas la “libertad de comercio” [3], expresando de este modo un desacuerdo con respecto al control monopólico que oficialmente mantenía España sobre las relaciones comerciales con América, poniendo de relieve que las motivaciones políticas estaban también supeditadas a otras de gran relevancia. . Pero resulta también destacable el hecho subyacente de que prevalecía una nueva corriente ilustrada que logra permear las mentes de los patriotas y que, a la postre, tendría gran gravitación en el proceso de emancipación y en su ideología de soporte. Efectivamente, América no pudo mantenerse al margen de la corriente histórica, que, guiada por insignes pensadores europeos promueven el ideal ilustrado asociado a la idea de un humanismo librepensador.

El contacto con la ideología de los escritores franceses del siglo XVII va generando un ambiente de inquietud en América. El criollo comienza a sentir con marcada injusticia el hecho de hallarse pospuestos en los cargos públicos…

…después de su emancipación se presenta a los criollos como una lección práctica de lo que ellos podrían llegar a ser si se separaban de España.

En efecto dos siglos de antecedentes se fraguan en el nacimiento y solidificación de los Estados modernos bajo la idea de la construcción de un Estado en el que la soberanía radique en los ciudadanos [4]. Resulta preciso considerar los antecedentes ilustrados como la fuente histórica que revela el espíritu de la época y a la vez pasa a constituir expresión anímica de los ideales trascendentes que inspiraron a los jóvenes militares patriotas.

La configuración de la noción del Estado como contrato ofrecerá una teoría del pacto social, que bajo un esquema común presentará, a la postre, notables divergencias entre las distintas teorías enfocando de modo distinto la noción de Estado [5], dando origen al naciente concepto contractualista. Se trataba de construir un Estado distinto en sus tareas y en su capacidad de inclusión, de aquel simbolizado por el poder real. Esta nueva forma de pensar se extiende a una población lectora, y origina una nueva clase de intelectuales librepensadores en temas de religión y política. La concepción respecto del ordenamiento de los nacientes Estados nacionales que existe durante los siglos XVII y XVIII, son guiados por ilustres pensadores. Locke [6], por ejemplo, establece que los conceptos de ordenamiento político están guiados por la búsqueda de las capacidades intelectuales, mientras que el masón Voltaire lleva a cabo la ingente labor de divulgación por toda Europa de las implicaciones revolucionarias de la nueva ciencia de Newton y del liberalismo de Locke. Base importante de las nuevas ideas es que las creencias deben basarse en la razón, poniendo en tela de juicio las bases de una sociedad inspiradas en el poder Divino que otorgaba mandato a la realeza. Lo propio hará Diderot con su trabajo enciclopédico el cual lleva a cuestionar las manifestaciones de poder de su época llegando a negar la legitimidad de las mismas.

Lo anterior explica la insistencia en abordar la realidad desde la luz de la razón y el por qué este periodo se conoce con el nombre de Siglo de las Luces. Rousseau [7], en el “Contrato Social” aboga por el uso de la fuerza de la voluntad general si fuese necesario. Y los pensadores del Siglo de Oro de la filosofía alemana como Kant, desde el punto de vista teórico, sostendrán el principio de la libertad de la voluntad humana, demostrando incluso que es del todo imposible concebir una existencia en la que no existiese esa libertad. Todo ello permeará la mente de ilustres jóvenes estudiantes en la Europa de la segunda mitad del siglo XVIII, quienes más tarde serían líderes en la emancipación de las colonias españolas en América, y que se ponen así en convencido contacto con las nuevas ideas sobre Estado y Poder que brotan por doquier.

La influencia de estas nuevas tendencias queda claramente manifestado por las afirmaciones del Conde de Aranda (Gran Maestre de la Masonería española) al Rey [8].

“No se piense que nuestra América está tan inocente como en los siglos pasados, ni tan despoblada, ni que se crea que faltan gentes instruidas que ven que aquellos habitantes están olvidados en su propio suelo…

…No se les oculta nada de lo que por aquí pasa, tiene libros que los instruyen en las nuevas máximas de libertad, y no les faltarán propagandistas que irán a persuadirles si llega el caso.”

Los sucesos derivados de la Revolución Francesa y del cautiverio de Fernando VII, produjeron la creación de Juntas tanto españolas como en las colonias americanas, adquiriendo por este mismo hecho un rol decisivo en el proceso de emancipación. Una coyuntura que fue bien aprovechada en las colonias, con una agenda que, por cierto, iba mucho más allá de la ambición innegable de obtener la libertad a través de la independencia de la Corona. Se promovió, así, la libertad aunque no una democracia política, la que sólo sería producto más tarde de una interacción entre el estado político y la sociedad civil modificando la forma jurídica del ordenamiento político hacia la segunda mitad del siglo XIX [9].

Esta visión de la razón como articulador de la acción y el pensamiento se ofrecerá en forma plena al hombre que será O’Higgins, en sus convicciones profundas que le harían adoptar un comportamiento político y militar consecuente. Este compromiso, entonces, no nace al azar o como producto de un momento; es resultado de una disciplina consciente construida sobre la base de una educación en valores racionales y de un convencimiento basado en las ideas libertarias que permeaban a la intelectualidad después de los sucesos de Francia y de los Estados Unidos. La iglesia y sus valores, radicaban en la fe, pero en un sentido profundo podían también someterse al escrutinio de la razón según creían los racionalistas europeos. Por razones más bien vinculadas al manejo del poder, la Iglesia se ubicaba del lado más conservador, en pro del statu quo que fundamentaba la continuación del largo sueño colonial. El liberalismo racional era, para muchos jóvenes educados, un ideal que podía dar base a sus sentimientos independentistas y libertarios, y la masonería era una organización que podía no sólo garantizar un necesario apoyo internacional sino también una forma efectiva de enfrentar las fuerzas que, en pro del realismo, operaban en todo terreno y a menudo con singular belicosidad.

La valoración de las aptitudes de esa generación de jóvenes patriotas, que incluían valor, astucia, discernimiento y bravura militar, son elementos que difícilmente se podrían reunir en un solo concepto. Una breve revisión del concepto de “virtud” resalta el vínculo con el concepto de “hombría”, que a la vez recuerda de un modo claro la identificación de la conducta de un hombre aplicada de manera rigurosa, guardando con orgullo, celo y fidelidad la visión que le ha forjado y por la cual ha de luchar determinadamente hasta su plena realización, la Independencia de Chile. Pero en su caso, era aún más que eso: incluía los conceptos de raciocinio tolerante y profundo humanismo, de una visión que concebía al hombre como objeto final y verdadero de los esfuerzos libertadores.

LA MASONERÍA EN EL MUNDO

Derivadas de la masonería operativa, a fines del siglo XVII empiezan a surgir por toda Europa organizaciones llamadas logias y que acogían miembros dedicados más bien al trabajo filosófico o especulativo. Durante la Edad Media, Corporaciones de Obreros Constructores recorrían Europa haciéndose llamar “masones”, esto es “albañiles” o trabajadores de la piedra franca (“francmasones”). Gozaron de la protección de los Papas y de los Soberanos temporales, por la importancia que se asignaba a su hacer y a su arte [10]. En Inglaterra se puede presumir la existencia de masonería a partir del siglo X con reglamentaciones formales y la presencia del propio hijo del Rey como miembro activo [11].

A pesar de desencuentros y etapas difíciles, la masonería crecería en Inglaterra como en otras partes de Europa (Francia, Alemania, Holanda, Italia, España, etc.) La transformación tecnológica y la evolución de la sociedad presionaría, sin embargo, por transformar a la masonería operativa en una entidad especulativa.: la Gran Logia Unida de Inglaterra se funda el 24 de Junio de 1717, y se dota más tarde una constitución que regiría para ella y muchas otras partes del mundo. Grandes Logias aparecen por toda Europa, España incluida, como una forma de consolidar este tránsito de lo operativo a lo especulativo y simbólico.

En 1804 la Gran Logia General de Francia se convierte en un centro impulsor de la masonería en Europa continental, siendo designado José Bonaparte como Gran Maestre. Al suprimir Francia el lema “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo” se rompen relaciones con la masonería inglesa, una división que continúa hasta el presente. En Inglaterra subsistiría una Masonería con base moral y apegada a la religión protestante, frente a la más agnóstica del continente. Este hecho es importante porque la Logia Unida de Inglaterra se supone respaldó el proceso independentista a través de organizaciones masónicas desarrolladas en Londres, y fueron también muy influyentes en la creación de Logias en América, como es el caso de Buenos Aires y de Países de Centro América y el Caribe, incluyendo a los Estados Unidos [12].

La primera Logia Española se fundó en 1728 por un coronel de ejército inglés, quien más tarde fundaría también otras logias. En 1740, por presión de la iglesia, el Rey prohibiría la masonería, cosa que ratificaría más tarde Fernando VI al declarar que la Orden era “sospechosa y perjudicial para la Religión”. Había una lucha soterrada, junto a los esfuerzos de la Inquisición por aplastar a un grupo que pretendía efectuar un raciocinio acerca de la existencia de Dios y que también promovía la libertad política. Eso favoreció la secrecía y el desarrollo de las Logias como una actividad de tipo clandestino, cosa que sería también más tarde propicia para la aventura libertadora en América. Pero el crecimiento de la masonería española continuó, hasta el punto que en 1780 el Conde de Aranda fundó el Gran Oriente Nacional de España, del cual fue su primer Gran Maestro [13]. La designación de Bonaparte puso a la Masonería en pié de guerra contra Francia y a favor de la liberación de las colonias españolas. La fundación de la Logia de Cádiz a comienzos del siglo XIX, revela este ánimo y el impulso que transmitió hacia Londres con la fundación de la Logia Caballeros Racionales que albergaría a un sinnúmero de importantes patriotas americanistas. Sería esta Logia de Caballeros Racionales “…porque nada es más racional que mirar por su patria y sus paisanos” según lo afirmado en el ceremonial de incorporación de nuevos miembros a la Sociedad de Americanos, una organización presidida por Carlos Alvear en Buenos Aires y que correspondía efectivamente, a una Logia Lautarina [14]. En general las logias Caballeros Racionales se estiman las predecesoras y organizadoras de las logias Lautaro en América [15].

Lo importante es que el desarrollo de las logias hacia y en América se hizo en un ambiente clandestino, propicio para una lucha independentista rodeada de delaciones, encubrimientos, con una administración estatal activa en la prosecución de sus opositores. Más allá, sin embargo, la masonería procuró un ideario para la emancipación, basada en la doctrina ilustrada y en los principios de libertad, igualdad y fraternidad que ya se exhibían triunfantes en Francia y en América del Norte. Por ello, no estuvo el proceso exento del ejemplo provisto por la participación de la masonería de los Estados Unidos en el proceso de independencia Americana, ni aquella que le correspondió en la Revolución Francesa. Sin embargo, y a pesar del fuerte apego oficial de la iglesia católica al poder de la Corona, por su origen más cercano a la historia medieval y su mayor apego a Londres, nunca existió en los adherentes americanos una actitud anti-iglesia ni agnóstica en extremo, de tal modo que patriotas masones fueron también católicos practicantes.

O’HIGGINS, LA INDEPENDENCIA Y LA LOGIA LAUTARO

Es en la política ilustrada de los Borbones en donde prevalecen los primeros antecedentes del proceso revolucionario de las colonias. En efecto los Reyes Borbones de España impulsan un conjunto de grandes cambios económicos, políticos y administrativos, durante el siglo XVIII, para la metrópoli y sus colonias. Reformas que tienen su base en la Ilustración y que se fueron aplicando dentro del margen del gobierno ilustrado, bajo todo el poder del monarca absoluto.

Los problemas cotidianos constituían las principales inquietudes de los criollos en especial entre el grupo de los comerciantes agricultores y letrados que conformaban el cabildo y la real audiencia. Cobijados en la solidaridad con el Rey sometido, y en rechazo a José Bonaparte -quien a la sazón había sido designado Gran Maestre de la Masonería Francesa- los cabildos tuvieron una participación activa en propiciar los elementos reformistas, reafirmándolos e impulsando un proceso de independencia dentro de su propia lógica.

Desde 1523 los cabildos hispánicos eran fruto de un proceso de auto-generación. Ellos hacen imaginar la actividad de una comunidad viva, integrada, interactuando, vital, y bullante, muestra de una cualidad particular en pro de las ansias democráticas. Por cierto que al plantear garantías democráticas a este periodo estamos hablando sólo de una primera aproximación a la noción de democracia que hoy día conocemos, pero por cierto constituye un hito emblemático que da origen a un proceso de mucho mayor alcance que continúa hasta el día de hoy: el respeto por las libertades individuales, por la libre opinión y por la libertad de comercio, entre otros aspectos. Sobre el establecimiento de la libertad de comercio, dice Eyzaguirre,

O’Higgins vio el medio de abrir el país a la influencia inglesa y acelerar así la revolución Separatista… [16]

Don Bernardo O’Higgins que había sido enviado a estudiar al colegio franciscano de Chillan, fue dirigido a Lima por encargo de su padre cuando tenía 12 años. Allí fue atendido por el comerciante británico John Blake, amigo del entonces gobernador de Chile, quien lo matriculara con el nombre de Bernardo Riquelme en el colegio de San Carlos de dicha ciudad. Al colegio asistían los hijos de la aristocracia limeña, de donde el niño Bernardo adquiriría el trato y conocimientos de las costumbres de la alta sociedad.. Cuatro años permaneció en ese colegio y luego cumpliendo nuevas instrucciones de don Ambrosio, Blake lo embarcó para España. En Cádiz el joven fue recibido por don Nicolás de la Cruz, prospero comerciante chileno cuñado de don Juan Albano Pereira quien había llegado a poseer una situación destacada en España. Hasta aquí el niño O’Higgins había recibido una educación muy tradicional, típica de la aristocracia, fuertemente vinculada a la iglesia católica y a los valores que eran tan cercanos al dominio colonial.

Sin embargo, posteriormente, y nuevamente por voluntad de su padre, pasó a completar su educación a Londres donde diversifica su formación valórica, abre su mente a las nuevas ideas y valores, y consolida sus convicciones libertarias. Fortalecidos sus ideales políticos, cimentados en los argumentos en pro de la razón que alentaban los intelectuales europeos mas en boga, ellos le procuraron en Londres nuevos amigos. En 1799 regresa a Cádiz donde se puso en contacto con Juan Pable Fretes, sacerdote argentino que participó en Chile y en las provincias unidas y don José Cortez de Madariaga, quien tuvo una destacada labor en la independencia venezolana. Ya había conseguido contactos fundamentales con miembros de la logia de Cádiz, y había aprendido acerca de la interacción de ésta con la logia de Londres.

Destituido de su cargo de Virrey, don Ambrosio fallece en Lima, cambia la suerte del joven Bernardo pues el ex Virrey había reconocido en su testamento los derechos de su hijo dejándole una considerable fortuna, siendo ésta la hacienda de las Canteras con tres mil cabezas de ganado. Pero sobre todo el derecho de llevar el apellido que le pertenecía, regresa a Chile. No es difícil pensar entonces en la configuración del carácter de nuestro prócer.

Era un hombre de acción más que de ideas, de temperamento sanguíneo, por tanto era rápido para reaccionar en forma rápida e impetuosa. Poco extrovertido, le agradaba mas oír que hablar…

…sus decisiones impetuosas lo hacían adoptar riegos innecesarios llegaba a ser temerario llevado por su afán de lucha y su desprecio por el peligro. Bravo hasta el extremo [17].

El curso de su vida así como la educación recibida distinguieron la formación de este hombre, mediante la creación de un tipo íntimamente coherente en lo intelectual y claramente determinado en la acción. O’Higgins en su ideario de revolución orientado por la idea de humanismo y una exaltación de la condición humana a formas más excelsas guiadas por los principios de la recta razón se dedicó primero, en 1802, al trabajo separatista subrepticio, para luego en 1811 emerger a la vida pública al participar como diputado de Los Ángeles en el primer congreso chileno, guiado por una particular orientación.

En carta de O’Higgins a Rivadavia le expresa:

“En los años 1806, 1807, 1808 y 1809, fui miembro activo de una escogida sociedad organizada en Cádiz en 1802, no solamente con el objeto de librar a Chile del yugo español sino que también con el de cooperar con Buenos Aires en la misma obra” [18]

Esa sociedad no era otra que la logia de Cádiz, a la que se le atribuye el haber originado la famosa Logia N° 7 de Londres, “Caballeros Racionales” cuya autoría se atribuía a Francisco de Miranda. A ella pertenecerían otros notables patriotas y hombres de influencia en la construcción de las nuevas Repúblicas, como San Martín y Andres Bello. Como se ha dicho, esta Logia tendría un rol muy activo en la generación de otras logias llamados Lautaro, en territorio Americano [19].

 

LOGIA LAUTARO

 El 13 de marzo de 1812 arriban a Buenos Aires San Martín, Zapiola, el barón de Holmberg, Antonio Arellano, Francisco Chilavert y Francisco Vera A su llegada ofrecen servir a la causa emancipadora dedicándose a los asuntos de las armas, para lo cual la organización de una logia, presidida por San Martín, la vicepresidencia ocupada por Alvear, y Zapiola en la secretaría, sería un adecuado articulador. El posicionamiento de la logia a estos efectos tuvo una pétrea configuración, aun hipotecando sus propias libertades en pos del ideal libertario. La Logia era vista como una organización en pro de la lucha independentista, cosa que era favorecida en el campo de los ideales por el lema de libertad, igualdad y fraternidad, en un espíritu de tolerancia religiosa -todos principios fuertemente cimentados en Europa,- mientras que en el campo de la acción se fundamentaba en la activa participación que se sostenía había tendido la masonería en el proceso de independencia de los Estados Unidos y en la propia Revolución Francesa [20].

En Argentina el movimiento revolucionario se llevaba a cabo sin plan, ni sistema, la logia a estos efecto traería un programa de acción a desarrollar, pronto será esta la que establezca el equilibrio y, sumará fuerzas [21].

San Martín reorganiza más tarde la logia, replicándola de forma homóloga en el ejército de los Andes y en Chile con O’Higgins. Así se desplegaba el objetivo táctico de la puesta en marcha que no era otro que la emancipación.

Participó en la lucha armada que se desencadenó en 1813 contra las tropas realistas activadas en Lima. El desastre de Rancagua el 2 de octubre de 1814 obliga a O’Higgins y muchos militares y civiles a emigrar a provincias argentinas, donde San Martín los acoge reforzando en Buenos Aires la Logia ya existente y propiciando la creación de una rama de la misma en Mendoza.

Luego de permanecer un tiempo en Mendoza O’Higgins se traslado a Buenos Aires, donde ingresó en 1815 a la logia lautarina encaminada a coordinar la tarea revolucionaria. La logia Lautaro agrupó en su seno a los patriotas chilenos entre los que estaba O’Higgins, Mackenna, Alcazar y Freire, y dedicó todos sus esfuerzos a la reconquista de Chile.

…La logia posteriormente se perfecciona y se extiende por la sociedad patriota se torna en un organización de gran cohesión [22].

O’Higgins vuelve a Mendoza a colaborar con don José San Martín en la expedición libertadora a Chile. El 12 de febrero de 1817 se dio la batalla decisiva y la victoria fue para los patriotas. El 16 de febrero un cabildo abierto reunido en Santiago le nombraría Director Supremo, extendiéndose su gestión hasta el mes de enero de 1823. Seis años en que se consolidaría la independencia de Chile al ser derrotados los españoles en Maipú y la independencia sudamericana consolidada al organizar financiar y enviar la expedición libertadora del Perú al mando de San Martín y Lord Cochrane.

La Logia Lautarina fue un factor en el éxito de la gesta independentista, y en la efectiva conducción otorgada por O’Higgins. No puede su influencia ser sobreestimada, pero tampoco (como de hecho ha tendido a ocurrir) interpretada como una abierta influencia de la masonería inglesa a través de sus ramas en España y América. La Logia Lautarina fue una instancia de organización que uso las convicciones libertarias y la poderosa herramienta que brindaba una organización preparada para el trabajo clandestino [23].

LA LOGIA LAUTARINA: EL DEBATE

Los antecedentes [24] de la relación existente entre O’Higgins y la logia lautarina proveen copiosos datos que han sido estudiados por historiadores ilustres como Vicuña Mackenna, Amunátegui, Diego Barros Arana y Bartolomé Mitre. Vicuña Mackenna, como depositario de los papeles de Bernardo O’Higgins fue el primero en publicar dichos documentos;

Un cuaderno precioso en que el joven don Bernardo acostumbraba copiar sus cartas, escribía el historiador de Santiago, y que da principio en octubre de 1789, va a abrirnos el corazón y la inteligencia de nuestro joven compatriota [25].

Los antecedentes que existen en torno a la figura de los próceres del proceso independentista, sus vínculos y relación con la logia Lautaro están rodeados de un serio debate.

Los elementos de juicio que existen se remontan a los primeros años del siglo XIX periodo en el cual surgen, producto del afán, personas ilustres como Francisco de Miranda, San Martín, Carlos de Alvear, Julian Alvarez, entre otros, vinculados a la Masonería y en pos del ideario de emancipación. El debate en este punto respecto de la creación, naturaleza y filiación de la logia resulta prolífico; a juicio de Gandia [26], no es exacto que Miranda haya fundado en Londres una sociedad secreta inspirado por la Gran Logia de Inglaterra para así propiciar la emancipación americana, debilitando a la Corona española. Sin embargo, el centro de la sociedad secreta que operaría indirectamente en América, no se habría encontrado en Londres. La autenticidad de la influencia de Miranda es puesta en duda citando a estos efectos los antecedentes documentados de la obra de José Manuel Restrepo [27], destacando el hecho que no existe referencia a Miranda en los antecedentes fundacionales de la Sociedad de Caballeros Racionales. Por su parte en Baralt y Díaz [28] existe mención a Miranda y a una supuesta comisión fundacional que le fue entregada en Paris. Sin embargo Gandia refuta la autenticidad de este hecho, en verdad nunca documentado fehacientemente y generando una duda razonable respecto de la veracidad de dicho mandato masónico, máxime cuando las relaciones entre las logias inglesas y francesas se habían deteriorado fuertemente como producto tanto del “ateísmo” propiciado por la primera como asimismo por su fuerte vinculación con la Revolución. Sobre esta materia se cita también una obra que contiene los documentos relativos a don Simón Bolívar [29] en los cuales se hace mención a Miranda pero no se dice una palabra en referencia a la Logia de Londres. No obstante; sí se hace efectivamente mención a una sociedad patriótica fundada por Miranda y Bolívar en Venezuela a poco de llegar de Londres.

Coinciden con la postura de Gandia, Guzmán Blanco así como don diego Barros Arana puesto que ambos parecen escépticos respecto de muchas de las afirmaciones acerca de la juventud de O’ Higgins. Sin embargo, a juicio de Gandia, la presentación de Miranda como fundador de la logia asentada en Londres fue aceptada sin críticas durante mucho tiempo, a causa de un coincidente sincronismo que explica equivocadamente la actividad de los movimientos emancipadores de ultramar;

“…esta novela mirandina que los historiadores argentinos fueron forjando, se agrandó con la influencia poderosa que la Revolución francesa habría ejercido sobre los hombres de mayo” [30]

En efecto se destaca del debate la manera en que se forman las teorías históricas y el hecho que la exposición no esté apropiadamente acompañada de un aparato crítico riguroso llevando a una peligrosa repetición. Por la misma razón las suposiciones derivadas de afirmaciones sin evidencia son elementos que deben ser ponderados al momento de abordar un tema particularmente intrincado como elementos que ostentan un sospechoso y provisional criterio de verdad, el cual debe ser sometido a estricta prueba.

Junto con lo anterior existe confusión respecto de la diferencia entre la logia Lautaro, la logia de los caballeros racionales y la logia regional americana. Carraciolo Parra Pérez [31] afirma que la estadía de Miranda en Paris responde a la creación de una especie de comité revolucionario con la cooperación de algunos hispanoamericanos donde se hizo dar poderes para representar a América frente a las autoridades británicas. Los comisarios de la junta de diputados de las provincias que dieron sus poderes a Miranda serían José del Pozo, Sucre, Manuel José de Salas. Este elemento es refutado nuevamente por De Gandia;

Miranda tenía poderes de esos individuos para negociar contraer empréstitos, nombrar agentes, y comprara en Londres material bélico, mientras Sucre y Salas volvían a Madrid a informar a sus “comitentes” y pasaban luego a América para provocar la explosión.

Este punto de momentánea coincidencia se oscurece nuevamente frente a la ausencia de mención por parte de Pérez a la fundación de alguna logia en Londres por parte de Miranda. Sí menciona el hecho que la junta comisionaría como coronel a Simón Bolívar, comisario ordenador a Luis López Mendoza y comisario de guerra a don Andrés Bello.

No obstante lo anterior, la reacción contra este conjunto de afirmaciones sin prueba no ha sido refutada, dice Gandia. La gran reunión americana de Londres, sus filiales, la reunión en Madrid, los plenipotenciarios de América, el acta de Paris, su amistad (de Miranda) con Pablo de Olavide serían elementos que constituirían parte de esta “novela” (usando los mismos términos de Gandia).

A este respecto existe correspondencia ente Gandia y el historiador francés G. F. Pardo de Leygonier que apoya esta tesis compartiendo que no existe evidencia respecto de lo afirmado por el consenso general de los historiadores. No obstante, existe la constancia de que existió en Londres una logia en la que actuaron San Martín, Alvear, Zapiola, y otros próceres de la independencia: el hallazgo de documentos de Mariano Castilla y Roberto P. Staples entregan pistas sobre la motivación de San Martín, Alvear y Zapiola: lo fundamental de dichos documentos es la relación que se establece entre dicha motivación y una política masónica. Junto a este archivo se suma el descubrimiento de José Guillen quien encontró en el archivo Bazán de la marina española enviados por este a la revista de la Academia Chilena de la Historia [32], lo que genera una importante refutación de los antecedentes argentinos mediante antecedentes inéditos

Los documentos cambian todo lo conocido hasta entonces. Miranda no aparece para nada. No hay ninguna logia en Londres hasta que no la fundan Alvear, San Martín y otros compañeros. No es la logia de Londres la que da vida a la de Cádiz, como decía la leyenda, sino la de Cádiz la que origina la de Londres. Ahora sabemos los verdaderos nombres de la logia de Cádiz, Logia número tres, y de la logia de Londres, logia número siete [33].

Alvear menciona la fundación de la logia Nº 7, aludiendo a la logia de Londres, en una carta dirigida al presidente de la logia Nº 4, mencionando como hermanos fundadores a Zapiola, San Martín, Mier, Villa Urrutia y Chilavert. Después recibieron a Manuel Moreno, Andrés Bello, y al Marqués del Apartado. Del mismo modo en correspondencia capturada por los españoles en el bergantín Las Rosas, queda en evidencia que Alvear es quien funda la logia en Londres. El testimonio de Enríquez Martínez, refuerza esto al recordar que en el año 1812 llegaron desde Europa San Martín, Alvear, Zapiola, Chilavert, que traían el encargo de establecer la Sociedad de los Caballeros Racionales, cuya fundación había sido hecha en Santa Fe de Bogotá

No puede exigirse mayor claridad y precisión. La leyenda de que la logia de Londres fue fundada por Miranda o por Bolívar solo sería repetida por escritores mal informados [34].

Pero es Mitre quien, a través de su vinculo con José Matías Zapiola, y gracias a los recuerdos que éste le proporcionara, logra reconstruir la experiencia de este en las logias de Cádiz y Londres;

“Pero sería Mitre en su segunda grande obra, ‘la Historia de San Martín’, el que plantearía con visión certera el estudio crítico sobre dicha sociedad secreta”

“…Mitre sostuvo que Alvear y San Martín fueron los primeros que introdujeron a Buenos Aires Las sociedades secretas aplicadas a la política” [35]

El hecho es que la logia de Londres existió y en ella se cobijaron grupos notables de jóvenes que asumirían el rol de patriotas o de constructores de las nuevas repúblicas en América. Esa Logia no sería un mandato de la Logia de Inglaterra, sino más bien producto de la actividad de la Logia de Cádiz, donde varios de esos jóvenes patriotas, como O’Higgins, habían encontrado cabida.

Existe un nutrido debate también acerca de la relación existente entre la logia Lautaro y la masonería. La Francmasonería había alcanzado, a juicio de Eyzaguirre [36], su apogeo en Europa en el s. XVII [37] y se constituye bajo el precepto basado en torno a los principios racionalistas.

Estas sociedades secretas, precursoras del gran movimiento revolucionario de Sur América y que determinaron sus primeros rumbos, imprimiendo su sello a muchos de los personajes que después fueron llamados a dirigir el movimiento de emancipación decidiendo en varios de ellos sus destinos, como Manuel Rodríguez y otros [38].

La opinión ortodoxa de los historiadores argentinos afirma la existencia de las logias masónicas con anterioridad a la llegada de San Martín y Alvear sosteniendo que aquellas existían desde las invasiones inglesas y mucho antes, teniendo todas ellas fines políticos ocultos, agregando que las sociedades secretas compuestas por americanos revestían todas las formas de logias masónicas. En efecto, como en Estados Unidos y Australia las logias eran fundadas por militares y posteriormente subsistían sobre la base de la captación de nuevos miembros locales.

…“estas sociedades, tuvieron su origen en una asociación que con aquellos propósitos, y con el objeto inmediato de revolucionar a Caracas, fundó en Londres, a fines del siglo pasado, el célebre general Miranda…” Más aun para en esta asociación de Miranda, formóse en los primeros años del siglo XIX una vasta sociedad secreta, compuesta casi exclusivamente de americanos, que se había generalizado en España con la denominación de sociedad Lautarina o Caballeros Racionales… [39]

LA LOGIA LAUTARINA

Don Bernardo O’Higgins fue un actor de la política de aquellos momentos y en sus palabras la política secreta de la Gran Logia de Londres era la de llevar la libertad, la independencia, a la América Hispana. Una vez incorporados los diputados de Caracas partieron rumbo a Buenos Aires para fundar en esta ciudad la sociedad de Lautaro.

A juicio de la revista de estudios históricos de Mendoza [40], existe un vínculo tardío entre la logia Lautaro y la masonería, existiendo entre ellas un cuidadoso complemento en su posicionamiento táctico con vistas al desenvolvimiento de una estrategia orientada al emplazamiento y desarrollo de sus fuerzas combinadas para el ataque. En efecto parecen ser organizaciones con independencia pero resulta innegable el vínculo entre ellas. Como afirma Carlos Wise (op.cit, 2006), la logia lautarina era indudablemente masónica ya que según el general Carrera obedecía incluso a una Gran Logia y tenía ceremonial de Iniciación con fórmulas muy parecidas a la masonería regular que éste bien conocía. Sin embargo, este autor agrega que la logia lautarina sería de tipo irregular, a lo que Felipe del Solar (op.cit, 2006) agrega que existe documentación que respalda la idea de su carácter masónico.

Un elemento de duda respecto de la participación de la logia Lautaro en la masonería lo constituye el hecho que la Santa Sede, había condenado a esta organización [41] mediante Bula papal declarando la incompatibilidad entre la Iglesia y la Francmasonería. No obstante, la logia lautarina en este sentido propiciaba más bien el carácter político de una organización en lucha por la emancipación, proyecto frente al cual la iglesia participaba como oponente.

La logia lautarina tuvo una importante influencia en las decisiones de los nuevos gobiernos, y una vez formado el concepto, este acto no pasó desapercibido en España pues a la llegada de Fernando VII del exilio en 1814 fue informado de la aparición de logias patriotas en el proceso revolucionario de América.

“El Rey ha sabido por conducto seguro que existe una sociedad muy oculta cuyos rito son análogos a los de de la masonería pero que su único objeto es la independencia de América en la cual se haya esparcida y aun en Inglaterra por medio de otras sociedades subalternas sujetas al centro que fue Caracas, dirigiéndose por ellas las revoluciones hechas hasta ahora…

…me manda su Majestad encargue a V.E. muy particularmente, como lo ejecuto, que procure averiguar a toda costa y con la mayor reserva quiénes son los sujetos y averiguar cuanto pueda descubrir sobre el asunto…

…y que si descubre alguno o algunos los arreste inmediatamente sin comunicaciones dándome puntual aviso.” [42]

A juicio de Eyzaguirre en esta carta la iniciativa real da cuenta de la diferenciación entre las logias patriotas y las logias masónicas. Concuerdan con este diagnóstico Benjamín Oviedo Martínez quien a partir de los antecedentes respecto de la logia lautarina estima que ésta fue una organización de carácter político a la cual las circunstancias de la época la obligaron a adoptar la organización de una sociedad secreta.

Por su parte en Buenos Aires existía la masonería antes de llegar Alvear y San Martín en 1812. El general Enrique Martínez plateaba que el único objeto de la logia lautarina era propugnar por la independencia de todas las secciones de América.

De Londres pasaron Alvear, Zapiola y San Martín en 1812, lugar donde toma forma la logia lautarina. A ella se incorporó más tarde don Bernardo O’Higgins, y después del triunfo de Chacabuco se estableció una sede de la sociedad en Santiago.

Al respecto de los reglamentos de la logia Eyzaguirre relata:

No existe en sus páginas el más leve indicio o preocupación de tipo filosófico o religioso, como tampoco la menor alusión a contactos con la masonería. Todo converge a una meta precisa e inmediata: asegurar la independencia de los países hispanoamericanos. [43]

A juicio del autor resulta decisiva la participación de la logia Lautaro en la independencia de Chile desempeñando un rol activo en el afianzamiento de la independencia chilena y argentina mediante una sólida alianza entre ambos pueblos y el apoyo a la expedición libertadora del Perú.

La Logia de Lautaro fue una maquina de revolución y de guerra contra los enemigos en común así como defensa contra los peligros interiores. [44]

Por cierto que también subyace una zona obscura en los hechos la logia; que encerraron la muerte de Manuel Rodríguez, y los Carrera y sea cual fuere la responsabilidad de O’Higgins al respecto amarrado por los fundamentos solidarios de la hermandad cubrió con impunidad a sus hechores, en palabras de Barros Arana; confesaría más tarde como un error doloroso de la logia lautarina:

“Mala en como mecanismo gubernativo, corruptora como influencia administrativa, contraria al individualismo humano que anonadada por una disciplina ciega, inadecuada y aun contraria al desarrollo libre y espontáneo de la revolución social.” [45]

La logia lautarina se extingue en 1820 por haber considerado cumplido los objetivos de la institución. Luego de abdicar O’Higgins surge cierta animosidad en su contra, conocidas son también sus diferencias con Manuel Blanco, Manuel José Gandarillas, Ventura Blanco, incluso años más tarde en el Araucano [46] aparecen una serie de artículos publicados en su contra.

No obstante lo anterior resulta indiscutible la influencia de esta sociedad en la superación del absolutismo en América y posibilitar el nacimiento de los Estados democráticos. En palabras de Emilio Gouchon:

“La logia ha sido el fruto de la soberbia concepción de un carácter fuerte y altivo, de un alma llena de anhelos de libertad y dotada de una profunda sagacidad política; la acción que ha desarrollado representa la historia misma de la independencia del Río de la Plata, de Chile y del Perú.”

REFLEXIONES FINALES

Las Logias Lautarinas ejercieron un crucial rol en el proceso de emancipación americana como instancia de coordinación y planeación de actividades por parte de los patriotas. A pesar de su carácter aparentemente irregular del punto de vista masónico, aprovecharon la secrecía masónica como un instrumento que permitió operar a la organización en la lucha por la libertad en suelo americano. Los patriotas, reconocidos católicos, siguieron una tradición masónica inglesa que propicia una no objeción a la creencia y militancia religiosa. Los principios de tolerancia que propicia la masonería deben haber sido factores cruciales para lograr separar el hecho político (que envolvía también a la iglesia católica como oponente) del ideal estrictamente religioso que albergaban la mayoría. de los patriotas.

Las Logias Lautarinas fueron inspiradas y organizadas a partir de la reunión de Patriotas en Londres, al abrigo de la Logia N° 7 en la que participara Francisco de Miranda, y a la que adhirieron un gran número de patriotas e intelectuales avecindados en distintas etapas en Londres. Esta Logia N° 7, a su vez, fue inspirada a partir de la Logia de Cádiz, como una acción concreta de la masonería española en pro de la liberación de América. Bernardo O’Higgins fue miembro de esta Logia original, la N° 3 de Cádiz, adhirió a la N° 7 de Londres (Caballeros Racionales) y fue activo miembro de las Logias Lautarinas formadas en Buenos Aires y Mendoza.

Santiago, marzo de 2009

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Referencias:

[1] De Gandia Enrique. La política secreta de la Gran Logia de Londres. 1956. página 207 y siguientes.

[2] Según Felipe del Solar (“La Francmasonería y la Independencia de Chile: Un balance historiográfico”, en La Masonería chilena en América Latina, Primer Simposio de Investigación Histórica, Respetable Logia de Investigación Pentalpha N°119, Temas Masónicos N°11, Octubre 2006), “Si bien la Masonería está condenada por la Iglesia desde 1737, abundan sacerdotes e inclusive altos eclesiásticos en las logias hasta la segunda mitad del siglo XIX donde la ruptura se hace efectiva”

[3] Decreto dictado el 11 de febrero de 1811.

[4] Un asunto de fundamental importancia que habían planteado las teorías contractualistas es explicar la motivación por la cual los seres humanos entran en el pacto social y consienten en ser gobernados. El ser humano decide pactar con los otros o con un tercero, como es el caso de Hobbes, buscando la seguridad; la defensa de la propiedad privada en Locke; o la realización de su plena libertad en Rousseau.

[5] Efectivamente una definición del concepto de Estado conlleva dificultades, que derivan principalmente en la dificultad de analizar completamente las múltiples relaciones que se producen en el proceso de formación del Estado moderno.

[6] Locke se suele considera como el fundador del “empirismo” la cual como corriente estudio tiene entre sus representantes a Berkeley, y Hume.

[7] Un texto previo al contrato social es el “Discurso sobre los orígenes y los fundamentos de la desigualdad” 1754.

[8] Miguel Luís Amunátegui. Los precursores de la independencia de Chile. Santiago, Imprenta litografía i encuadernación Barcelona, 1909¬1910.

[9] Norberto Bobbio, Nicola Matteucci, Gianfranco Pascuino. Diccionario de Política, Siglo XXI editores. Madrid. Novena Edición 1995.

[10] Por ejemplo, alrededor de 1280 los masones que construyeron la Catedral de Strasburgo se agrupaban en aprendices, compañeros y maestros bajo la dirección de un maestro, y se reunían en un local llamado logia (sinónimo de “taller” o “choza”), llevando consigo siempre útiles de trabajo alrededor de los cuales habían establecido una especie de culto simbólico.

[11] Tradición que continuaría, en cuanto a siempre contar con un miembro de la familia real en la oficialidad superior de la Orden en Gran Bretaña.

[12] Por ejemplo, la Gran Logia provincial de Jamaica-Kingston dependió directamente de la Gran Logia Inglesa, y fue ella quien autorizó en 1821 la fundación de la Logia Libertad de Colombia N°1 en Bogotá, cuyo primer venerable Maestro sería Francisco de Paula Santander. A su vez, ésta originaría la Logia Ley Natural de Guayaquil en 1826 y auspiciaría la Logia Regeneración de Lima La logia Aurora en La Guaira-Venezuela, y la propia Logia Filantropía de Chile de 1827, cuyo Venerable sería don Manuel Blanco Encalada. Es decir, la influencia inglesa sería muy profunda en el desarrollo de la masonería en el continente en la década de 1820.

[13] Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, fue elegido en 1776 Gran Maestro de la Masonería Española. El 2 de Mayo de 1777 ingresó como Comendador en la Orden del Espíritu Santo, honor que le fue concedido por Luis XIV. Cf. Enrique Gandia (1956).

[14] En efecto el ceremonial instruía en, casos de necesidad, que el hermano que “necesitara socorro en lance de guerra, levantará los tres dedos de la mano diciendo ‘a mí los de Lautaro’”. Cf. Carlos Wise Pozo “Las logias simbólicas, las logias Lautaro la logia independencia peruana y la regularidad masónica”, en La Masonería Chilena en América Latina (op.cit.).

[15] Felipe del Solar (2006) (op.cit.)

[16] Eyzaguirre Gutiérrez Jaime. La logia lautarina y otros estudios sobre la independencia. Editorial Francisco de Aguirre s.a., Buenos Aires. 1973

[17] Marrul Bermudez Federico. La independencia de Chile. Archivo de documentación editorial Lord Cochrane. Editorial lord Cochrane S.A.

[18] De Gandia. op.cit. Página 236.

[19] Sobre el rol de O’Higgins y las Logias Lautaro han escrito numerosos autores, entre los cuales se puede mencionar a Eugenio Orrego Vicuña (“O’Higgins, Vida y Tiempo”, 1946); Fernando Campos Harriet (“La vida heroica de O’Higgins”, 1947); Sergio Fernández Larraín (“O’Higgins”, 1974); Julio Heisse (“O’Higgins forjador de una tradición democrática”, 1975); y Luis Valencia Avaria (O’Higgins el buen genio de América”, 1980). Todos ellos, sin embargo, no ahondan significativamente en la naturaleza de aquellas logias ni en el grado de adhesión que con respecto a ellas tuvo O’Higgins, ni su efectiva vinculación con la masonería regular.

[20] Sin embargo, como ha destacado Jasper Ridley en su obra “Los Masones. La sociedad secreta más poderosa de la tierra” (Zeta, Barcelona¬España, 1999), en ambos significativos eventos hubo masones en ambos lados del conflicto, lo que hace que se haya sobreestimado la participación de la masonería en los mismos, a pesar de las destacadas figuras en el bando ganador.

[21] Revista de Estudios Históricos. op.cit.

[22] op.cit.

[23] El General don José Miguel Carrera fue un masón iniciado en Massachussets y en extremo crítico de las logias lautarinas, a las que incluso ridiculizó haciendo públicas muchos de los ritos iniciáticos que correspondían a sus miembros (“En esta sociedad de escalera abajo, aunque masónica por su institución, no se comunican con los masones que pertenecen a otras logias”., escribiría; afirmación que permite colegir que las Logias Lautaro serían de tipo irregular en la estructura de la masonería universal).

[24] Revista de Estudios Históricos. Mendoza, enero de 1937.

[25] Archivo O’Higgins. Academia Nacional de Historia. Santiago de Chile, editorial nacimiento. Comisión directora Ricardo Donoso, Jaime Eyzaguirre, Eugenio Pereira Salas, Luís Valencia Avaría. 1946, página 4 y siguientes.

[26] De Gandia Enrique. La política secreta de la Gran Logia de Londres. 1956. página 207 y siguientes.

[27] Restrepo José Manuel. Historia de la Revolución de la República de Colombia. 1827. Compendio de la historia de Colombia. 1833

[28] Rafael María Baralt y Ramón Díaz. Resumen de la Historia de Venezuela desde el año 1797 hasta el de 1830, Paris, 1844.

[29] Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú Simón Bolívar para servir a la Historia de la Independencia de Suramérica. Caracas 1826.

[30] op.cit.

[31] Parra Pérez Carraciolo. Historia de la primera República de Venezuela 1939.

[32] Academia Chilena de la Historia. Boletín, Santiago de Chile, 1960, número 63.

[33] De Gandia. op.cit. Página 233

[34] op.cit. Página 236

[35] De Gandia. op.cit.

[36] Eyzaguirre. op.cit.

[37] Existen indicios de su existencia desde el s XVI, apareciendo su orientación doctrinal en 1717 y, extendiéndose por Francia, Alemania, Italia, y España.

[38] Dörne Andrade Walter. La Logia Lautaro y su influencia en la independencia de Chile. Artículo publicado en Academia de Historia Militar, página 102 y siguientes.

[39] De Gandia. op.cit.

[40] op.cit. Página 85.

[41] Clemente XII, Bula in eminenti 1738, Benedicto XVI Bula providas apostolici 1751

[42] Carta extendida por encargo del Rey Fernando VII al gobernador de Cádiz, con fecha 22 de agosto de 1814.

[43] Eyzaguirre Jaime. op.cit.

[44] Dörne. op.cit., página 105.

[45] Dörne. op.cit.

[46] Periódico oficial de la república de Chile fundado en 1830, cuya creación responde a la naciente necesidad de reflejar un nuevo estado de las cosas en la naciente República. En él don Andrés Bello se manifiesta abierta y decididamente en contra de la censura que tenía la internación de libros, dicha censura era producto de criterios emanados por la iglesia y de acuerdo a un índice elaborado por la inquisición. Andrés Bello formará parte de la comisión, la que a la postre, reformará dichos criterios.