Masonería e Ideología

INTRODUCCION

Cuando vi el trabajo asignado no tuve más que preocupaciones sobre la forma de enfocarlo, pues, lo primero que me pregunté era si yo tenía alguna ideología, pero la pregunta me la hice desde el punto de vista de ideología política, la respuesta fue rápida: nunca he tenido una ideología política. Como enfocar entonces un estudio sobre ideología si nunca la había tenido. Craso error, pues, al entrar a investigar encuentro en un libro del historiador colombiano Eduardo Domínguez Gómez estas definiciones “La mejor garantía para el respeto a los demás, el reconocimiento mutuo y el ejercicio de la libre expresión, está constituida por el conocimiento que tengamos acerca de los contenidos ideológicos que están en el trasfondo de toda opinión entre los seres humanos. Las ideologías, como sistemas de ideas que hacen parte de las estructuras mentales de los pueblos, han acompañado a los seres humanos desde que se conocen sus capacidades de razonamiento, de ensoñación e intención. Son imprescindibles y tienen la función de ayudar a orientar los pensamientos en la vida diaria y a tomar decisiones para la acción”.

Vemos, entonces, que los estudios bibliográficos de las ideologías hacen ver lo importantes y lo vigentes que son para las comunidades humanas y llegan a definirlas, por su historia y los elementos que las identifican, como un “ingrediente de la naturaleza humana”. Ningún ser humano escapa, entonces, a ellas. Cuando trata de marginarse, ya su decisión es ideológica: escoge la indiferencia, convencido de que el destino se impone por sí mismo.

Pero, meterme en profundos estudios filosóficos y sociológicos sobre las ideologías daría para un trabajo extenso. Decido tomar un camino menos espinoso y me pregunto nuevamente sobre las Ideologías Políticas: ¿Siguen vigentes las Ideologías Políticas?

Y surge la otra pregunta: ¿Cómo se relaciona la Masonería con las Ideologías Políticas?
Cuando leemos en las páginas de la historia, la larga lista de estadistas, reformadores, revolucionarios y patriotas que fueron masones nos preguntamos si la Masonería desarrolla o no, actividades de índole político. La respuesta que siempre se nos da es que La Masonería no es una asociación política ni puede confundir su actividad con la de ningún partido político, pero el masón no debe estar al margen de los grandes problemas políticos del mundo entero, pues en el seno de la Masonería conviven hombres de diversos partidos democráticos y diversas concepciones de mundo, mientras sean respetuosos y tolerantes con respecto al pensamiento y a las opiniones de los demás HH:.. Pero cuando vemos el fenómeno sociológico que es la masonería, lo hacemos con la intención de evaluar la influencia real que esta institución ha podido ejercer sobre todos aquellos acontecimientos que han ido posibilitando la emancipación de los pueblos. El interés de la masonería no ha sido nunca la actividad política. Lo que preocupa al masón es su formación personal y su compromiso social con los valores de libertad, igualdad, fraternidad y tolerancia que, por ser constitutivos del ser del individuo deben ser también constituyentes esenciales del tejido social.

Desarrollo.-

Veamos primero, brevemente qué son las Ideologías Políticas partiendo de lo que se publica en el Número 9 de la revista FOLIOS, artículo llamado: Mentalidades o Representaciones, Pág. 18 – 25 y que el historiador Eduardo Domínguez Gómez ha llamado “noosfera ó equipaje mental” del ser humano:

Así como el globo terráqueo tiene una atmósfera que hizo posible el surgimiento de la vida en el planeta, la especie humana creó también una atmósfera, en forma de ideologías, mentalidades, representaciones colectivas e imaginarios, que conocemos como atmósfera espiritual o noosfera, y que le permite a la especie humana crear mundos más allá de la naturaleza, como la filosofía, el deporte, las artes, el derecho, la religión, la política o las ciencias.

Mario Augusto Bunge, físico, filósofo y humanista argentino, defensor del realismo científico y de la filosofía exacta, ha dicho, como muchos investigadores desde la antropología, la epistemología, la historia y las ciencias naturales, que no hay cultura sin ideologías.

Por eso, históricamente y a través de todas las culturas, se habla de mentalidades, ideologías, representaciones colectivas e imaginarios. Podemos decir que las mentalidades tienen que ver con los fundamentos profundos, por lo general provenientes de valores y principios promovidos milenariamente desde los libros sagrados de las grandes civilizaciones. Hinduismo, Budismo, Confucianismo, Judaísmo, Islamismo, Cristianismo, Taoísmo o Shintoísmo, todavía tienen presencia como nutrientes de iniciativas religiosas y políticas en todo el orbe. Desde el siglo VI antes de nuestra era sirven de puntos de referencia para decidir acerca de lo bueno, lo malo, lo conveniente, lo presente y lo futuro. Impregnan la literatura, la política y las ciencias y hasta el modo de medir el tiempo y las distancias. Moral y fe, verdad, belleza, justicia y bondad, siguen entre los humanos como estrellas polares que guían sus decisiones y búsquedas.

Las ideologías, en cambio, no son tan universales ni duraderas. Son sistemas de ideas socialmente construidos y compartidos en tiempos de mediana duración, al calor de los acontecimientos. Y se les llama ideologías políticas cuando se encargan de orientar la acción de los grupos sociales en torno a las decisiones e intereses con respecto a lo público: estado, gobierno o régimen político; economía, entendimiento mutuo o convivencia. Se forman con base en las investigaciones –muchas veces de carácter científico- las opiniones y el debate público, liderado por organizaciones explícitamente creadas para tal fin o por personas que se destacan entre las demás por su capacidad de razonamiento, sindéresis y persuasión. Pero ningún ser humano escapa a ellas. Cuando trata de marginarse, ya su decisión es ideológica; escoge la indiferencia, dejando al destino el desarrollo de los acontecimientos.

Las representaciones colectivas, son modos de ver, modos de captar las situaciones concretas de la vida cotidiana, que se forman en el diario vivir, a partir de todo tipo de acciones donde se use la palabra hablada o escrita, o las imágenes audiovisuales y publicitarias donde se pongan en circulación las fantasías, las verdades heredadas, los argumentos que anuncien cambios en las situaciones dadas, o donde las evaluaciones de lo acontecido o por acontecer ameriten conclusiones que se grabarán en forma de dichos, aforismos, frases, refranes o sentencias, principios y valores que estarán presentes a la hora de hablar de moral, derecho, arte, religión o política.

Los imaginarios son creaciones fantásticas de las mentes individuales que pueden contagiarse a través de conversaciones, cuentos o narraciones literarias. Parten de lo circunstancial y cotidiano pero acompañan a todas las personas en sus actividades creativas para explicar lo que les sucede a ellas o a la sociedad que las circunda, dice el filósofo polaco Bronislaw Baczko.

Sin embargo, en el diario vivir, las mentalidades, las ideologías, las representaciones y los imaginarios, no se presentan claros y diferenciados. Se revuelven unos con otros y se modifican mutuamente. Y más todavía: nadie posee un solo tipo de cada componente; se combinan gracias al uso cada vez mayor de las Tecnologías de la Comunicación y de la Información, a la integración geográfica del planeta, a la agilidad de las traducciones entre distintas lenguas y a la decisión de hacer valer el derecho a la libertad de expresión, creencias y prácticas. Por eso se hace indispensable, en este mundo cultural cada vez enriquecido por la presencia de convicciones múltiples, el estudio del modo de existencia de las ideologías, sus procedencias y sus posibilidades de ayudarnos a entender por qué pensamos, valoramos, evaluamos o actuamos del modo en que lo hacemos.

CLASIFICACIÓN DE LAS IDEOLOGÍAS POLÍTICAS.-

Las ideologías políticas no funcionan en un momento determinado, por el contrario, buscan perdurar en el tiempo y nacen como respuesta, la mayoría de las veces, a otra ideología política en furor en una época determinada.

Se afirma que la mayoría de las ideologías políticas nacieron luego de finalizado el periodo feudal (siglo XIV), como lo prueba el liberalismo, que nació gracias a las transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas del Renacimiento; en contraposición a esta ideología nació el socialismo, que precisamente critica los fundamentos teóricos del liberalismo económico.

Todas las ideologías políticas pueden reducirse, en última instancia, a cuatro fundamentales: liberalismo, socialismo, nacionalismo y anarquismo. En la práctica política nunca las encontramos en estado puro sino combinado de diversas formas.

Entre las cuatro ideologías fundamentales no hay dos que se opongan en todo. Se podría decir que son equidistantes entre sí: en las cuestiones de mayor importancia, cada una coincide con otra y se opone a las restantes dos.

Primer Criterio de Clasificación: Primacía del individuo o del grupo.

El hombre, tal como lo conocemos, vive en relación con otros hombres. No hay sociedad sin individuos ni individuos sin sociedad. Al reflexionar sobre esta mutua relación, algunos autores asignan mayor importancia a uno de los dos términos y colocan al otro a su servicio.

Según este criterio, las cuatro ideologías políticas fundamentales pueden ser divididas en dos grupos: las totalitarias: socialismo y nacionalismo, que priorizan al grupo; y las individualistas: liberalismo y anarquismo, que dan prioridad al individuo.

Segundo Criterio de Clasificación: Aceptación o rechazo de la propiedad privada.

Del régimen de propiedad depende, en definitiva, toda la organización económica de la sociedad. Dependiendo de su ideología, algunos autores sostienen que en la propiedad privada de los medios de producción reside el origen de todos los males sociales; otros, por su parte, la consideran indispensable para la marcha de la economía y para el ejercicio efectivo de la libertad individual.

Según este criterio, las cuatro ideologías políticas fundamentales pueden ser divididas en dos grupos: las contrarias a la propiedad privada, socialismo y anarquismo; y las que están a favor de la propiedad privada, liberalismo y nacionalismo.

Tercer Criterio de Clasificación: Relación con el «mito» racionalista del progreso.

Muchos creen que la Historia es un camino gobernado por un sentido, por una ley racional que la rige y orienta más allá de las decisiones de los individuos y los grupos hacia un destino de perfección. Así piensan y actúan convencidos de colaborar con el desarrollo que la Historia impone al hombre en cuanto camino de paulatino perfeccionamiento. Otros, por el contrario, basan sus propuestas en la decisión personal de individuos o grupos limitados sólo por su contexto y su propia capacidad, o aceptan un cierto finalismo pero de tipo romántico, no racionalista, cuyos protagonistas son los pueblos con sus particularidades.

Según este criterio, las cuatro ideologías políticas fundamentales pueden dividirse en dos grupos: las progresistas, socialismo y liberalismo; y las románticas o no racionalistas, anarquismo y nacionalismo.

Vigencia de las ideologías políticas.-

El término ideología, reservado en el siglo XIX al debate intelectual, se convierte en el siglo XX (En 1998 el filósofo Jean Pierre Faye lo denomina Siglo de las ideologías) en el vehículo de grandes movimientos sociales y de pensamiento, sobre el soporte de grandes masas que son adoctrinadas por los nuevos medios de comunicación, la propaganda, la violencia y la represión.

En el periodo de entreguerras las ideologías políticas enfrentadas son fascismo y comunismo fundamentalmente, aunque del siglo XIX hayan sobrevivido el liberalismo en su versión democrática, el conservadurismo, el socialismo democrático, el anarquismo y los nacionalismos. Aparecen en este siglo XX Movimientos como el feminismo, pacifismo, ecologismo y los movimientos por la igualdad racial y el reconocimiento de la identidad sexual, que son ideologías no estrictamente políticas, pero sí tienen una fuerte vocación transformadora de la sociedad. Además, el resquebrajamiento de la hegemonía católica en América Latina abrió paso a la Teología de la Liberación.

Sin embargo, desde las décadas de 1980 y 1990, el concepto de ideología sufre una devaluación por su inadecuación a nuevos paradigmas intelectuales emergentes, como el deconstructivismo (filósofo francés Jacques Derrida, fragmentación, interés por la manipulación de las ideas) o lo más genéricamente llamado postmodernidad, que proponen, en cierto modo una ideología flexible y acomodable a las situaciones de cambio desconcertante que ocurren en el periodo de final de siglo especialmente por la caída del muro de Berlín.

Al mismo tiempo, los partidos políticos surgidos de las ideologías se instalaron en el centro de la escena como actores fundamentales de los procesos políticos en el Estado moderno. Los partidos políticos se convirtieron en los grandes intermediarios entre el Estado y la comunidad y su irrupción dio lugar a un modelo de democracia que actualmente se encuentran en plena y revulsiva crisis: el modelo “delegativo de grupos y sectores partidocráticos”, cuyas principales características son: 1.-El pueblo es titular originario del poder pero no lo ejerce directamente, sino que lo delega en sus representantes. 2.-Los partidos políticos ofrecen “programas de gobierno” basados en unos sistemas ideológicos rígidos, prescriptivos y predominantemente cerrados a cambio del voto del colectivo social. 3.- Los partidos monopolizan totalmente el acceso a los cargos públicos. Los ciudadanos independientes no pueden acceder a cargos electivos salvo que un partido los proponga. 4. Los partidos políticos tratan de diferenciarse entre sí tomando como propios determinados valores que son visualizados positivamente por la sociedad: justicia social; menor presión impositiva; mejor redistribución del ingreso; plena vigencia y respeto por los derechos humanos; pleno funcionamiento de la democracia y la división de poderes; un Estado de tamaño adecuado y no excesivo; respeto a tradiciones locales, provinciales o sectoriales; etc. Este modelo delegativo partidocrático operó en plenitud a lo largo del siglo XX y fundamentalmente en el período inmediatamente posterior a la segunda guerra mundial. En este modelo, cuando la gente votaba, votaba un programa de gobierno, es decir un repertorio de medidas concretas que se adoptarían. El que ganaba, lo ejecutaba y el que perdía se reservaba como crítica y alternativa de poder para la próxima elección. Ya en la década de los 80 este modelo entró en una crisis profunda. Y estas fisuras se agravaron con la caída del sistema soviético en 1989. El esquema del mundo de posguerra había quedado definitivamente atrás y nuevos elementos claves de la sociedad moderna y globalizada, hicieron que el modelo tradicional ya no funcionara adecuadamente.

Hay un desdibujamiento de los partidos tradicionales y la admirable habilidad de algunos líderes políticos para pasar de un partido a otro, así como la proliferación de nuevas etiquetas y sellos han hecho surgir la pregunta sobre la crisis de las ideologías, o mas bien, sobre la vigencia de las ideologías.

Vemos que desde 1989, los sucesos vertiginosos en el mundo comunista iniciaron el final de la Guerra Fría y alentaron ilusiones con respecto a la posibilidad de la finalización de las ideologías y sus enfrentamientos en el mundo contemporáneo. Tal anhelo que parecía más una consigna, fue tratado de explicar por filósofos y analistas políticos. Los más célebres entre ellos: Francis Fukuyama (1989) y Samuel Huntington (1997), en Estados Unidos, y Francois Lyotard (1992), en Francia. Desde distintos puntos de vista, el primero quiso revivir la tesis de “el fin de la Historia” con su respectivo corolario: el fin de las ideologías; el segundo formuló “un choque de civilizaciones” y el tercero “La muerte de los metarrelatos” (discursos totalizantes y multiabarcadores, en los que se asume la comprensión de hechos de carácter científico, histórico, religioso y social de forma absolutista, pretendiendo dar respuesta y solución a toda contingencia). Los tres coincidieron, con distintos estilos literarios, en que la democracia, concebida a la manera del mundo occidental, promovida, cuidada e impuesta en el orbe por los países capitalistas, con los Estados Unidos al frente, se erigía como la alternativa única y excluyente que dejaba sin piso cualquier otra opción.

Se retoma un concepto que viene desde el siglo XIX según la cual una ideología es una falsa representación, una distorsión del mundo real y una estrategia de engaño de los grupos dominantes para mantener un orden establecido. Una falsa conciencia que enajena a los individuos, les hace perder su personalidad, su libertad y su autenticidad en beneficio de la servidumbre, el gregarismo y el mantenimiento del estado de cosas. Tal concepción ha provocado dos conclusiones que los historiadores de las ideas, de la política y de las mentalidades no aceptan como válidas:

1. Que se deben rechazar las ideologías porque son inconvenientes para la libertad humana.

2. Que la democracia no es una ideología sino un sistema político objetivo, producto del desarrollo histórico que impone a la humanidad la única forma de vida conveniente e inobjetable. Ambas consecuencias, a su vez, generan concepciones y acciones que ponen en riesgo una gran cantidad de principios políticos y de valores morales conquistados en distintas partes del planeta durante los últimos tres siglos: pluralidad, diversidad, tolerancia, transacción, pactos.

No se debe crear la ilusión de que el ser humano puede carecer de ideologías y que es posible el acuerdo total. Las ideologías siguen vigentes, lo que faltan son los hombres que las interpreten en su sentido original, que no las aprovechen en su propio beneficio. Hay que buscar nuevamente una prueba histórica de que el ser humano es un ser de ideologías. Que su vida en comunidades y sociedades no es posible sin sistemas de ideas que les permitan entender el mundo e intervenirlo, diseñar ritos, ceremonias, protocolos y pactos que congreguen, y disfrutar de la naturaleza y la cultura sin estar aferrados a una sola manera de ver las cosas.

Y no pensar que hoy la única triunfadora legítima es la democracia occidental y el único modo de vivir bien es el libre juego del mercado para productos, servicios y capitales, sumergidos en un proceso de industria cultural sin límites.

¿Es posible crear una nueva ideología que satisfaga las necesidades de la humanidad? Como dice el Q:. H:. Edgar Perramón: “La doctrina social de la Masonería es el instrumento humanista que se tiene para construir una sociedad más justa, más libertaria, solidaria y fraterna. Como la desigualdad no es la meta de la Orden, la Masonería trabaja y llama a trabajar por suprimir los problemas hostiles que generan sistemas económicos insanos e injustos”. ¿Son los principios de la Masonería los que se deben aplicar para lograr esa nueva ideología?

¿LA MASONERIA, HACE POLITICA O SE HA OLVIDADO DE ELLA ?

Cuando leemos en las páginas de la historia, la larga lista de estadistas, reformadores, revolucionarios y patriotas que fueron masones nos preguntamos si la Masonería desarrolla o no, actividades de índole político.

La respuesta que siempre se nos da es que La Masonería no es una asociación política ni puede confundir su actividad con la de ningún partido político, pero el masón no debe estar al margen de los grandes problemas políticos del mundo entero, pues en el seno de la Masonería conviven hombres de diversos partidos democráticos y diversas concepciones de mundo, mientras sean respetuosos y tolerantes con respecto al pensamiento y a las opiniones de los demás HH:.

No podemos confundirnos y asociar a la Masonería en acciones políticas determinadas, pues, fue la tarea del hombre masón imbuido de nuestros principios e ideales, quien actuó protagónicamente para promover los grandes movimientos transformadores de la humanidad. Históricamente no se ha comprobado que la Masonería, como institución, haya tenido participación en los siguientes hechos de indudable carácter político:
“Reclamamos con énfasis nuestra participación en los grandes acontecimientos y luchas que se han dado en occidente para fortalecer el papel del individuo frente al absolutismo estatal, para independizar naciones, privilegiar el respeto a los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1791, la erradicación de la esclavitud, la promulgación de los Derechos Humanos de 1948, la creación de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la separación entre la iglesia y el estado, etc. “

“Nuestra apuesta por la laicidad y la separación del poder religioso del civil es claramente política y una tercería a la vieja pugna, que viene de la Europa renacentista hasta nuestros días, acerca de quién manda a quien entre el Papa y el gobernante local”.

“Encontramos el Gran Oriente de Francia, con un historial de defensa de la democracia y del sistema republicano que impresiona por lo activo. La premisa política de la que se enorgullece Francia desde la Revolución Francesa es la misma de la que hace gala la Masonería: «Libertad, Igualdad y Fraternidad».

“En España se dice que la segunda República que aplastó el Generalísimo Franco en 1939 fue Masónica; en Italia se relaciona la Orden con la unificación de la península y la derrota de los estados pontificios; en Rusia con gran parte de las reformas liberales de Pedro el Grande; en Alemania también con las reformas liberales del siglo XVIII; en Turquía con la modernización tras la caída del imperio Otomano; en Chile se le incluye dentro las Fuerzas Morales de la nación; en Uruguay se le vincula con el logro de la educación primaria, secundaria y universitaria gratuita; En Venezuela con Bolívar, en Colombia con Santander, en Ecuador con Sucre, en Argentina con San Martín, en Chile con O’Higgins, en Cuba con Martí, en México con Benito Juárez; en Estados Unidos con Washington, y así sucesivamente en la mayoría de los países del viejo y el nuevo continente”.

“En América, de norte a sur, incluyendo el caribe, a la Orden se le presenta en gran medida a partir de referentes ligados a luchas independentistas y a la gestión necesaria para la consolidación de las libertades públicas y privadas en nuestros pueblos. Los nombres de los héroes de nuestra independencia y de los presidentes que han sido Masones son de frecuente mención en nuestras charlas cuando de presentar la Institución se trata”.

Las palabras del Gran Maestro del Gran Oriente de Francia Roger Leray sobre este tema son significativas:

“No es la Masonería la que ha hecho la revolución americana contra el imperialismo inglés. Más, los francmasones fueron los actores más determinantes. Washington fue así como fue, por que era francmasón, al igual que Franklin y La Fayette. Toda la geopolítica sudamericana fue diseñada por francmasones. Fue el masón O’Higgins que hizo a Chile. Fue el masón San Martín que hizo la Argentina, como Bolívar fue quien construyó la Gran Colombia y Juárez, el México moderno. Todos fueron francmasones. Estos hombres tradujeron el espíritu masónico en acciones políticas».

Sin embargo, como es históricamente conocido que Hermanos Masones han desempeñado y desempeñan roles políticos importantes en todos los tiempos y en diferentes lugares del mundo, también es históricamente conocido que la Masonería por intermedio de sus miembros, ha tenido gran influencia en diferentes tipos de legislaciones en diferentes países relacionados con la libertad de pensamiento, derechos humanos, educación libre, gratuita y laica, seguro social y otras, todos temas que son parte integral de la concepción social y moral masónica.

Es por ello que podemos decir que, la Masonería, tiene la expectativa de que sus miembros sean buenos y fieles ciudadanos del país en que residen, que intervengan activamente en la vida social, económica y política comportándose fuera de los muros del Templo, aun con sus contrarios o enemigos, con tolerancia, sabiendo escuchar con paciencia al prójimo y manteniéndose con firmeza fieles a sus principios.

Hoy la Masonería enfrenta nuevos retos: la degradación de la tierra, la deforestación, la excesiva urbanización y la contaminación del aire son los principales desafíos medioambientales, a los cuales se añade el agotamiento de las fuentes de agua y la reducción de la biodiversidad. El narcotráfico, la prostitución, el sicariato y la delincuencia común son opciones casi únicas de supervivencia, la falta de educación, de competitividad social, la ausencia de servicios públicos básicos y de alimentación.

Aún falta por conseguir una mayor igualdad entre la mujer y el hombre, frente a la salud, la educación, mejorar la distribución del ingreso y la propiedad privada, definir una deuda impagable con los países ricos, disminuir la pobreza y un largo etc. de iniquidades, productoras de violencia, crimen, miseria y degradación humana.

La Masonería como sociología.-

Cuando el historiador se acerca al fenómeno sociológico que es la masonería, lo hace con la intención de evaluar la influencia real que esta institución ha podido ejercer sobre todo en aquellos acontecimientos que han ido posibilitando la emancipación de los pueblos. El interés de la masonería no ha sido nunca la actividad política. Lo que preocupa al masón es su formación personal y su compromiso social con los valores de libertad, igualdad, fraternidad y tolerancia que, por ser constitutivos del ser del individuo deben ser también constituyentes esenciales del tejido social. Para muchos es pues la Masonería una actividad complementaria de su compromiso político, en su sentido más profundo, en un contexto más libre y menos condicionado por exigencias de inmediatez. No hay, por supuesto, competencia entre partidos y Masonería. La iniciación no se opone a la militancia, aunque necesariamente ha de afectar al estilo y a la calidad de esa militancia haciéndola más consciente.

Pero así como nadie construye una casa para que permanezca deshabitada, ni un barco si nunca ha de navegar, ni se prepara un banquete si nadie ha de comerlo, ni ejercita el atleta sus músculos si no ha de emplearlos, así también, carecería de sentido alguno la actividad masónica del desarrollo de las facultades superiores del ser humano, sino desembocara en forma natural y lógica en los múltiples cauces de la actividad social desempeñada por cada uno de sus miembros, dentro de la esfera de influencia personal y como resultado de su iniciativa propia.

Si examinamos el contenido litúrgico de cada uno de los grados de nuestro Rito, absolutamente todos tienen que ver con la Sociología: En el Gr:. Cuarto (“Maestro Secreto”), “se exaltan las prerrogativas de la razón humana que aleja y defiende la conciencia de las preocupaciones ancestrales, de la superstición y del fanatismo, y se definen nuestros derechos y deberes morales”. En el Quinto (“Maestro Perfecto”), “Se encarece en este grado el estudio de las ciencias naturales para llegar al propio conocimiento del ser físico e intelectual del hombre. Se indagan los orígenes de la vida y la posible supervivencia de las fuerzas síquicas del ser humano”. En el Sexto (“Sec:. Íntimo”, o “Maest:. por curiosidad” o “Maest:. Inglés”). “En él se estudia la sociología para llegar al conocimiento íntimo de las miserias del pueblo, sus causas y sus remedios, hallándose que la más efectiva de esas causas, es la ignorancia que se debe combatir con la instrucción, despertando en él el deseo de saber, o la curiosidad. Por ende se tratan en este grado las ciencias pedagógicas y todo lo atañedero a la cultura de los pueblos, y a la economía política”. Gr:. Séptimo (“Preboste y Juez” o “Maestro Irlandés”), “en él se estudia y analiza el origen de la soberanía y sus atributos en relación con la sociedad humana: los derechos del hombre: naturales, civiles y políticos, la justicia en la distribución de esos mismos derechos y los sistemas electorales para que la voluntad del pueblo pueda hacerse efectiva en la designación de sus mandatarios”. Gr:. Octavo (“Intendente de Fábricas” o “Maestro de Israel”). “Es el objeto de estudio en este Grado, la ciencia aplicada al conocimiento de la organización social y de las causas que puedan entorpecerla o llevarla a su perfeccionamiento. Se inculca la solidaridad humana por medio de la máxima que la sintetiza: “Cada uno para todos, todos para cada uno”. Se inquiere sobre el derecho de propiedad y su origen, sobre la riqueza y el capital en sus relaciones con el trabajo y se encarecen los estudios sobre el socialismo”. Y así en cada uno de los GGr:. del R:. E:. A:. A:., se demuestra que la Iniciación o Masonería, además de ser una Filosofía, es una Sociología.

Entonces, frente a la conmoción que vive la humanidad y apoyados en las enseñanzas que la masonería nos proporciona, no es sensato que la Masonería, en contra de su vocación, en pleno siglo XXI abandone su trabajo político de siempre para encerrarse en sus Talleres, solamente para inculcar a sus adeptos, un conjunto de conocimientos, fundamentalmente principios filosóficos y un sistema de valores, mientras en lo profano, apresuradamente todos los paradigmas son cuestionados o abatidos y su lugar es ocupado por nuevas corrientes o concepciones intelectuales, lo que obliga a la Masonería a vivir un renacimiento o renovación permanente. Pues, la Masonería no puede ser estática sino dinámica. No puede quedarse en la mera tradición, porque sería no aceptar la realidad de la evolución social del mundo.

La Masonería es una sociedad de hombres libres y de buenas costumbres, con libertad de opción política, más identificados y comprometidos en la prosecución de los ideales de libertad, igualdad, fraternidad y justicia. Éstos, inequívocamente fines políticos, y como tales socialmente trascendentes, conforman el ideario Masónico: un conjunto de referentes que la Masonería y los Masones tienen, en cada momento y circunstancia, la obligación de defender e impulsar.

Conclusiones.-

1.- Las Ideologías.

Las Ideologías siguen existiendo, pero nos decepcionan a los ciudadanos comunes porque ven el mundo como algo estático. Cualquier ideología se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea presente o futuro. Esto convierte a la ideología en un dogmatismo, pues se cierra a las ideas de los demás como posible fuente de soluciones a los problemas que se plantean en el día a día, considerándose ella como la explicación total y última. Esto hace que una ideología pueda llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados y cuando se llega a considerar la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, bien sea de tipo político, o religioso como la Teocracia. Cualquiera que disienta pasa a ser un problema para la sociedad, o el grupo, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología presentándose, entonces las disidencias, las facciones, y sobre todo la proliferación de partidos como lo indicábamos anteriormente.

Sin embargo, vemos que la desaparición de las ideologías rígidas, programáticas y prescriptivas no ha implicado la desaparición de los valores, de los principios y de los escrúpulos en la política, agregándose ahora, que, ante la complejidad del mundo actual en su aspecto social, y que ya no se puede gobernar desde la improvisación o el discurso, se ha tenido que recurrir a la ciencia. Ahora, los líderes deben capacitarse en la gestión de esa complejidad readquiriendo el saber científico un papel fundamental. Por ello en algunos países, las Escuelas de Gobierno forman a los líderes políticos en estas nuevas concepciones.

2.- Masonería y Política.-

Comencemos con las palabras de nuestro Q:.H:. Edgar Perramón:

“La doctrina social de la Masonería no es una estructura ideológica ni un programa económico, cultural o político, sino una orientación fundamental para el hombre y la sociedad, respondiendo tanto a las exigencias de la ciencia como a los desafíos éticos y morales.

La doctrina social de la Masonería es el instrumento humanista que se tiene para construir una sociedad más justa, más libertaria, solidaria y fraterna”.

Agregamos que: en la Masonería no se dan consignas políticas ni ideológicas, sino que cada cual expone su reflexión ante un problema, sin haber una postura obligatoria para todos. La Masonería nos invita a ser mejores, pero también, a levantar la voz en contra de todas las injusticias, como lo hicieron en su tiempo aquellos notables y valerosos patriotas americanos. La Masonería anhela y lucha porque la humanidad toda viva en paz y con dignidad en una democracia que no sea torpe ni ciega, en una democracia capaz de exaltar y garantizar sus derechos inalienables. El masón conserva fuera de la Logia toda su libertad de ciudadano y puede dedicar su ardor y entusiasmo al servicio de sus ideales. La masonería como institución, no irrumpe a la vida pública, sino cuando se hace necesaria una acción conjunta para atemperar los espíritus y fijar la senda del progreso dentro de la fraternidad y convivencia humanas.

La Masonería como vía para el progreso de los hombres y de la humanidad, como institución que destaca el valor supremo de la libertad, la igualdad, la justicia y la vida y tiene a la democracia como forma superior de convivencia, la tolerancia, el respeto y la paz, debe hacer oír su voz, aportar su afán por la comunión universal de culturas y sensibilidades, reafirmando su compromiso con la razón y con el amor, únicas palancas capaces de mover el mundo. Los valores de la razón y del amor no han arraigado en el cerebro ni en el corazón de los hombres y que la humanidad no podrá afrontar los conflictos venideros sin una nueva escala de valores que puedan ser asumidos por miembros de todas las razas, religiones, culturas y costumbres.

En Venezuela, específicamente, cada vez estamos más alejados de esos valores de la razón, de la tolerancia y del amor y mas bien se han ido perdiendo los pocos que habían. Pienso que la Masonería debe tener la capacidad de rescatar y sembrar nuevamente esos valores. Creo que deben abrirse los Templos para que la comunidad tenga vinculación directa con nuestros principios a través de seminarios, conferencias, asesorías gratuitas en la solución de problemas comunitarios, biblioteca al servicio del ciudadano. Mas que nuestra acción y ejemplo individual, la masonería debe actuar en este caso sí, como una institución que se preocupa por el bienestar de la sociedad en todos sus niveles.

V:.M:. y QQ:.HH:. todos, posiblemente sigo sin una ideología política, pero si puedo asegurar que mi Ideología es la Masonería.

Rafael Valencia Valencia.
M:.M:.

Oriente de Caracas, 16 de agosto de 2014 (e:.v:.)

Bibliografía.-

Eduardo Domínguez Gómez – Historiador colombiano. Proyecto Agora de la Universidad de Antioquia.

Edgar Perramón Quilodrán.- La Doctrina Social de la Masonería.
Editorial Lautaro.- Trabajos varios.

Introducción a la Filosofía Masónica.- Sinesio Urrestarazu Falces.

La Masonería.- Historia e iniciación.- Christian Jacq.