El Masón como Ciudadano

En diferentes trabajos presentados recientemente se ha hecho una apología extraordinaria de las cualidades del masón.

En el presente trabajo intento hacer una breve historia del masón como ciudadano a partir de cada una de las etapas de formación de la masonería, comenzando con la formación de la Masonería Operativa, pasando por la Masonería de Aceptados y a partir de 1717, fundación de La gran Logia de Londres hasta nuestros días.

En la Masonería Operativa el masón desarrolla el llamado Arte Real. Ese Arte Real que llegó hasta nosotros modelando largas generaciones de hombres en el marco de los valores que les hacen crecer espiritualmente.

Los Masones Aceptados solían ser los intelectuales humanistas, interesados por la antigüedad, el hermetismo, las ciencias experimentales nacientes. Nace el libre pensamiento y la especulación filosófica.

A partir de 1717 surgen los ciudadanos independentistas, ciudadanos vinculados a la actividad política que luchan por imponer el lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Llegamos al siglo XXI. Es una época en la que la masonería, para ser efectivamente útil en términos sociales, posiblemente deberá revisar sus estructuras, a fin de llegar de manera más clara y amplia a cada vez mayores sectores sociales. Lo cierto es que un siglo que se anuncia como el del logro de los mayores niveles de libertad para el hombre, ha pasado a ser indispensable darle sentido a la vida del hombre libre. Frente a esa tarea, la Masonería puede volver a ser no sólo el gran Centro de Unión para lo cual fue creada, sino la guía más clara para encontrar el camino adecuado. Apoyándose para ello en el Laicismo como marco de relación en el que los ciudadanos podemos entendernos, sin entrar en temas a los que cada individuo aplica sus íntimas convicciones personales. Laicismo es levantar puentes que nos permitan comunicarnos desde la desigualdad, pero en convivencia, porque se trata de unir lo diferente.

En cada uno de estos períodos, El Ciudadano Masón, a base de estudio, trabajo y dedicación, se hace Libre de la Esclavitud, de la Ignorancia, la Ambición y el Fanatismo y lucha por alcanzar tres puntos fundamentales:

  • El Conocimiento del Hombre.
  • El Conocimiento de sus Deberes y Derechos.
  • El Conocimiento del Modo de hacerlos Efectivos

INTRODUCCIÓN

La tradición educadora de la masonería estudia las grandes fases de la evolución masónica para rescatar los orígenes y el desarrollo de su genuino espíritu educativo, espíritu que la hace acreedora del título de Escuela de Formación del Ciudadano. La vocación de educación intelectual y moral de sus miembros constituye un carácter íntimo de esta institución; inicialmente, esta vocación educadora ya se apreciaba en los gremios de canteros medievales o masonería operativa, su eclosión acontece en el período intermedio de los masones aceptados, y su reconocimiento como algo genuino y exclusivo ocurre con el nacimiento de la masonería especulativa moderna.

Siendo que el origen más aceptado de la masonería sigue siendo el de su procedencia de los gremios de constructores medievales, podemos aceptar que su historia se divide en tres grandes períodos convencionales: El primero, en el que la masonería es denominada operativa, abarca aproximadamente los siglos XIII a XVI, coincide con la edificación de las grandes catedrales góticas y corresponde a una etapa en la que el centro de unión de las asociaciones masónicas gravitaba sobre el oficio de la construcción. El segundo, o de los Masones Aceptados, abarca del siglo XVII y los primeros lustros del XVIII. Se trata de un tiempo de transición en el que las sociedades masónicas fueron admitiendo miembros honoríficos, llamados masones Aceptados, cuyas profesiones eran diferentes a las propias de la construcción. El tercero y último comienza en 1717 y llega hasta nuestros días. Aquel año marcó la fecha de nacimiento de la francmasonería moderna, pues fue el de la fundación de La Gran Logia de Londres el 24 de junio, en la fiesta patronal de San Juan, cuando se reunieron cuatro logias y se logró entonces, no solo la fusión en una sola logia, sino la creación de un organismo federal denominado Gran Logia y dirigido por un Gran Maestro.

Este gesto suponía jurídicamente la victoria del derecho escrito sobre la costumbre. En adelante, la soberanía residiría en la “obediencia”. Únicamente la Gran Logia tendría autoridad para crear nuevas logias, naciendo de este hecho la legitimidad masónica llamada Regularidad. A la masonería así configurada se la conocerá como Masonería Especulativa.

En cada uno de estos períodos la Masonería siempre ha sido una Escuela de formación de Ciudadanos, con distinta metodología, pero con un mismo fín, hacer del masón un mejor ciudadano, cumplidor de sus deberes y respetuoso de las leyes del país que habita.

DESARROLLO

Primer Período.- Si hacemos referencia a la Masonería de la Edad Media, la Masonería Operativa, diríamos que fue una sociedad de oficio (constructores), que no eran simples operarios sino que cultivaban el arte de la construcción con sus propias normas de ingreso, hombres libres y de buenas costumbres, es decir, debían ser buenos ciudadanos para pertenecer a una organización que era jerárquica tanto en materia administrativa como de autoridad.

Aquí hay que destacar que estos Francmasones eran mucho más que Arquitectos y Constructores; ellos tenían habilidad artística, eran líderes y maestros, los matemáticos y poetas de su tiempo. Para estos antiguos constructores, entrar a la francmasonería, era entrar en una orden consagrada al estudio de los misterios de la vida que propone al hombre medios de elevación espiritual.

Sin embargo la Masonería no pretendía la rectitud y el perfeccionamiento ético y moral del individuo por motivos religiosos trascendentes, pues la Orden de los Constructores nunca fue una iglesia, aunque su tarea principal fuera precisamente la construcción de los templos dedicados al culto religioso.

Los Masones, herederos del Arte Real o Gran Alquimia Simbólica, adquieren conocimiento mediante herramientas razonables, y no mediante la fe o la devoción. Sus raíces se nutren en el arcano clásico, el tiempo donde el arte y la ciencia no estaban escindidos. Esta actividad de los constructores operativos es lo que suele llamarse el Arte Real, el Arte que ponían en sus obras, el Arte Real para levantar enormes y bellas construcciones durante toda la Edad Media. ”Ese Arte Real se aplica hoy en cada espíritu para que cada masón trabaje mejor el suyo, con una alta moral y teniendo en vista los valores de libertad, igualdad y justicia social, solidaridad y fraternidad como los más elevados fines humanistas de la Masonería”, dice Edgar Perramón. Es decir, cualidades de un Ciudadano Masón.

Las virtudes necesarias para formar parte de la Fraternidad de los Libres Constructores se describen en sus Antiguos Usos y Costumbres, y son los valores necesarios a un oficio donde lo colectivo no es la simple suma de individualidades sino su compleja articulación. En la época medieval operativa, la insolidaridad irresponsable de un obrero podía poner en peligro al conjunto de la logia, pues de la culminación exitosa de la tarea constructiva vivían obreros y familias.

Por eso era común a los gremios profesionales de la época el dotarse de reglamentos y normas de conducta de régimen interior. Solían también seguir un modelo ritualizado para dar a sus miembros acceso a ciertos conocimientos o al ejercicio de determinadas funciones. Los masones destacaron especialmente en estos aspectos.

Respecto a los códigos reguladores, a los modelos organizativos de esta masonería medieval operativa, hay una teoría que remonta el primero de ellos a la época del rey Athelstan de Inglaterra, que dio a estas corporaciones, en el año 926, las llamadas Constituciones de York, cuyo texto original se perdió en el siglo XV y que es considerado el primer código regulador específicamente masónico. Fue reescrito de memoria por quienes lo conocían.

El primero original existente en la actualidad es la Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1248. Trata de aspectos jurídicos, administrativos y de usos y costumbres del gremio. Le siguen en antigüedad otros documentos como el Poema Regius o Manuscrito Halliwell (1390), el Manuscrito Cooke (1410), el Manuscrito de Estrasburgo (1459), los Estatutos de Ratisbona (1459), los de Schaw (1598), los de Absolion (1668) y el Sloane (1700). Estos documentos suelen conocerse como “constituciones góticas”.

En el Manuscrito Regius, en lo que se reconoce como la parte vital del documento, “de la línea 87 a la 260 se exponen los 15 artículos con normas éticas de no murmurar, ser justo, veraz y solidario, tratar a los Hermanos con amor, bondad y lealtad, o como diríamos hoy, ser buen ciudadano. Y de la línea 261 a la 470 se dan a conocer y relacionan los 15 puntos que se refieren a las recomendaciones éticas que forman la parte estrictamente masónica del documento. El Maestro Masón, por ejemplo, debe ser fraterno, fiel y leal, honrado, veraz, debe ser puntual y de cumplida justicia con sus trabajadores y empleados, el Maestro no empleará a una persona inmoral y debe tratar siempre a sus hermanos con equidad y espíritu de amor fraternal, etc”. (Breve Manual Masónico de Edgar Perramón).

Manuscrito Cooke data de alrededor de 1410 o 1420, pero es la transcripción de una compilación que se remonta quizá a más de un siglo atrás. El Manuscrito de Cooke es usado como fuente primigenia por el pastor James Anderson, que recurrió a él como fuente de inspiración para la redacción de lo que sería su Libro de las Constituciones (1723) o Constituciones de Anderson.

El Manuscrito está dividido en dos partes: la primera, está compuesta por 19 artículos, en los que dan cuenta de los orígenes de la geometría así como también de la arquitectura. Y la segunda que también es conocida como “Libro de deberes” está compuesta por: una introducción histórica, nueve artículos que hacen referencia a la división y organización del trabajo y que son fruto de una asamblea general que se remonta al gobierno del Rey Athelstan; nueve consejos sobre el orden moral y religioso; y finalmente cuatro normas relativas a la vida fuera de la Logia por los Masones. El término especulativo aparece en este documento.

En una época cuando el conocimiento era difícil de obtener, y sus afiliaciones con los instruidos en las varias ciencias apenas se podían lograr, fuera de la iglesia, era más que natural que los hombres pensantes y eruditos desearan ser miembros entre los Francmasones. Tales hombres, sin embargo, no desean practicar el Arte Operativo de la masonería, o servir siete años de aprendizaje. Por lo tanto, se les estableció un lugar en el Taller, dándole entrada como “Masones Aceptados”, es decir, los aceptaron como miembros que tenían algo que ofrecer, y que deseaban recibir algo de la Logia; pero se distinguían de los Masones Operativos por el título ”Aceptado.”

Segundo Período.- Estamos ya en el segundo período de su historia.- Con la evolución de la sociedad y las transformaciones económicas, la mayoría de las logias de la masonería operativa dejaron poco a poco de ejecutar obras materiales, transformándose en organizaciones fraternales, pero conservando, en parte, sus usos y costumbres tradicionales. La Francmasonería especulativa es el producto de esta transformación. Desde el siglo XVII, algunas logias de masones operativos comenzaron a recibir como miembros a personas ajenas al oficio, generalmente clientes, nobles o benefactores. El perfil de estos masones aceptados solía ser el de intelectuales humanistas, interesados por la antigüedad, el hermetismo, las ciencias experimentales nacientes, etc. Las logias de este tipo se convirtieron en un espacio de librepensamiento y especulación filosófica, que establecieron una estrecha relación entre Masonería, Laicismo y Librepensamiento y se desarrollan a finales del S. XVII y durante el S. XVIII. Surgen como respuesta a la situación política y social existente en la que predomina el poder absoluto, la falta de libertad y una estrecha y simbiótica relación entre Iglesia y Estado. Una característica fundamental en ellos es el señalar que la Razón debe ser el instrumento básico en la búsqueda de la Verdad, dejando de lado dogmatismos, creencias y criterios de autoridad. Galileo Galilei decía al respecto: “No me parece que sea necesario creer que el mismo Dios que nos ha dado nuestros sentidos, nuestra razón e inteligencia, haya deseado que abandonáramos su uso, dándonos por otros medios la información que podríamos obtener a través de ellas”.

Estos gremios de constructores, así como otros parecidos, comenzaron a intervenir cada vez más en política con ocasión de las luchas dinásticas que se dieron en Inglaterra durante el siglo XVII alineándose a favor de uno u otro de los pretendientes. De esa manera los gremios de masones medievales fueron pasando en Inglaterra de una actividad práctica o artesanal a una actividad especulativa y política. Ahora la palabra “masón” tenía un sentido figurado o simbólico, tomando como símbolos las herramientas de trabajo de la antigua masonería: la escuadra, el compás, el mandil, etc.

Llegamos así al tercer período, fundación de La Gran Logia de Londres.-

Tercer Período.- En este sentido, recordaremos que las “Constituciones de Anderson” de 1723 y 1738 se inspiraron justamente en los Old Charges, tomándolos como modelo y guía para su redacción. Y el hecho de que las Constituciones y Reglamentos Generales de casi todas las Logias y Obediencias actuales se inspiren a su vez en las de Anderson, confirma la existencia de esa continuidad, de ese hilo ininterrumpido, entre la antigua Masonería y la nacida en 1717, a pesar de las diferencias que puedan existir entre una y otra. Esos viejos documentos entregaron a los hombres de bien y de ley, las más nuevas lecciones éticas y las más cuidadosas y armonizadas enseñanzas de tolerancia y fraternidad, que distinguen al buen ciudadano.

Según dicha constitución, el masón está obligado a practicar la moral, ser una persona tranquila y tolerante, sometida a las leyes del país, juiciosa y serena en la logia y fuera de ella, ejemplo delante de profanos, en casa, en todas partes.

Pese a que la creación de la Gran Logia de Londres generó reacciones contrarias por parte de algunos sectores de la masonería operativa inglesa, el nuevo modelo masónico se extendió rápidamente por Europa y América con la creación, en los años siguientes, de la Gran Logia de Irlanda en 1725, la primera Gran Logia de Francia entre 1726 y 1730, la Gran Logia Provincial de Pensylvania en 1731, la Gran Logia Provincial de Massachussets en 1733 y la Gran Logia de Escocia en 1736.

Sin embargo surgen los primeros contratiempos: En 1751, el papa Benito XV condena la masonería retomando los viejos estribillos: secreto inadmisible, juramento inconfesable, etc. Los ingleses están divididos en masones modernos y masones antiguos, dirigidos éstos por un pintor de paredes irlandés, Laurence Dermont. Esto se debió a que con el argumento de que la tradición y las Constituciones de Anderson afirmaban que el rey Athelstan había establecido una logia de masones en York en el siglo X, ese año la logia de ese condado declaró que era más antigua que la Gran Logia de Londres y que por tanto no aceptaría su autoridad. A lo largo de toda Inglaterra, varias logias se separaron de la Gran Logia de Londres y se adhirieron a la Gran Logia de York y sus seguidores se llamaban a sí mismos La Antigua Gran Logia y se referían con desprecio a la Gran Logia de Londres y a sus seguidores como los modernos. Esta división duró sesenta años.

El siglo XVIII descubre la razón, la ciencia, los inventos técnicos; ciertamente, esa corriente intelectual existía antes, pero encuentra en la Enciclopedia un prodigioso instrumento de difusión. Diderot no es ateo; rechaza la visión católica del mundo porque le parece demasiado estrecha y porque ahoga las facultades razonadoras del ser humano. Pero en su conjunto, la masonería se preocupa poco por las ideas revolucionarias que están germinando, tan evidente es su anarquía administrativa.

Aunque algunas minorías masónicas defienden los valores ancestrales de la Orden, la masonería francesa vive serias dificultades internas que se prolongan en un principio hasta la disolución de la Gran Logia de Francia, en diciembre de 1772. La reemplaza oficialmente, el 26 de junio de 1773, el Gran Oriente de Francia. En adelante será el único poder legislativo francés y la única instancia superior que agrupe todos los talleres.

Anexo, Ciudadanía y Constitución.- En 1789 estalla la Revolución Francesa y se proclama la primera república en la Europa absolutista de la mano con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; el mundo escucha por primera vez la consigna Libertad, Igualdad y Fraternidad, siendo todos los cabecillas de esta revolución masones activos de Francia.

Suele decirse que el punto de partida para la inauguración del ciudadano, se encuentra en la Revolución Francesa y pareciera que el hito es, sin duda, la “Declaración de los Derechos del Hombre” en Francia, resultado de la lucha liberal que representa el crisol de las distintas ideas filosóficas de la Ilustración, que apuntaban ya al nacimiento de este nuevo agente político, que viene a ser vindicado en su presencia y función a partir de la Ilustración.

La vinculación del ciudadano con la arena política comenzó ciertamente con el reconocimiento de una serie de derechos individuales que hoy son llamados derechos de primera generación: a la vida, a la libertad, a la igualdad, a la propiedad, la seguridad jurídica y a la dignidad. Estos derechos pueden dividirse en tres: derechos de igualdad, derechos de libertad y derechos de seguridad jurídica, a los cuales cabe agregar las prerrogativas de los ciudadanos que se conocen como derechos políticos, tales son el derecho a votar y ser votado en los comicios electorales, la manifestación pública de las ideas y, recientemente, el derecho a la transparencia.

El significado de ciudadanía tiene una ineludible definición legal que podemos ver en las Constituciones generales de la mayoría de los países Latinoamericanos. La llamada época moderna construyó sobre la calidad de ciudadano un amplio marco generacional de derechos individuales, poniendo especial énfasis en la participación del sujeto en la toma de decisiones políticas. La Revolución Francesa entregó a los liberales una nueva forma de organizar el juego político, así que luego de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la pólvora liberal encendió los fértiles campos Europeos y se esparció con singular alegría, sobre todo en las llamadas sociedades de ideas, entre las que figura la masonería.

Surgen, entonces, los ciudadanos independentistas: En 1797 Francisco de Miranda, funda en Londres la Logia denominada Gran Reunión Americana, con participación de masones ingleses, norteamericanos y sudamericanos. Miranda, encauza los trabajos para la independencia de las colonias españolas mediante la ramificación de las logias esparcidas por el territorio americano y europeo.

Al respecto existe una antigua controversia que trata de establecer o negar la relación directa que pudo haber existido entre personajes y hechos aparentemente distantes y divorciados entre si, pero que innegablemente ocurrieron y en coincidencia dentro de un corto espacio de tiempo que los hace casi simultáneos y consecuentes. Lo que casi 200 años después se conoció en geopolítica como “efecto dominó”.

Hagamos hincapié en que la independencia de Hispanoamérica fue gestada por el pensamiento y la acción masónica a través de la red de logias esparcidas por América y Europa. Aquellas organizaciones que sabiamente lograron la Independencia fueron masónicas y por ende sus integrantes fueron ciudadanos masones: Bolívar, O’Higgins, San Martín, Alvear, Sucre, Nariño, Montúfar, Mier, Monteagudo, Mitre, Carrera y toda la cúpula de nuestra generación libertadora e independentista.

Podemos decir, entonces, que todas las grandes figuras que agitaron aquel amplio movimiento occidental denominado Ilustración, cuyo corolario político fueron los procesos revolucionarios “pro república” de 1776, 1789 y 1810 actuaron en logias masónicas, lo mismo que la gran mayoría de los líderes políticos y militares de estos tres movimientos republicanos. Fueron también ellos los que plasmaron los conceptos de “El Contrato Social” y del “Ensayo sobre el Gobierno Civil” en sus constituciones haciendo una aproximación práctica y legal de los gobiernos republicanos nacientes a los valores plasmados en “La Declaración Universal de los derechos del Hombre” y sobre todo a los principios fundamentales de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Desde el primer tercio del siglo XIX la masonería ya había asumido con decisión esta formación que se desplegaba paulatinamente en sus diversas facetas, respondía a los ideales de una sociedad de derecho y de una filosofía política celosa para asegurar la libertad de todos. En los rituales se formularon sistemáticamente defensas abiertas de principios, derechos y libertades propios de una sociedad liberal y democrática tales como: derecho a la propiedad, al capital y al trabajo, derecho de asociación, derecho de autodeterminación, limitación y control de los poderes del Estado, libertad de expresión, libertad de cultos, libertad de conciencia y naturalmente, libertad de enseñanza.

En 1861, Josef Gabriel Findel, simpatizante del espíritu masónico universalista de Krause, concebía de esta manera el fin y la misión da la masonería: “Nuestra sociedad…es una institución en vías de desarrollo y expansión…La unión con la

Naturaleza y con la Divinidad, obtenida por medio del ennoblecimiento moral, debe ser el constante propósito de la Humanidad, y ese es siempre también el de nuestra asociación.

Ese trabajo constante de perfección moral e intelectual debe emplearlo el francmasón dentro de sí mismo, trabajando sin descanso en la reforma de sus disposiciones interiores”.

Otro ejemplo de formación del ciudadano masón lo encontramos cuando en el Convento Universal de los Supremos Consejos Confederados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, reunidos en Lausana, Suiza, entre el 6 y 22 de septiembre de 1875, declararon, entre otros, los siguientes principios: “(…) La Francmasonería tiene por misión combatir a la ignorancia bajo todas sus formas, y constituye una escuela de enseñanza mutua, cuyo programa se encierra en los siguientes lemas: obedecer las leyes del país, vivir con honra, practicar la justicia, amar a sus semejantes, y trabajar sin cesar por la felicidad de la humanidad y por su progresiva y pacífica emancipación”.

Agregaremos la época actual o postmoderna: difiere de las anteriores, debido al gran desarrollo que ha tenido la humanidad y la Francmasonería no es ajena a esta evolución. Hoy, no sólo existe la Masonería masculina sino la mixta y la femenina, en donde la mujer trabaja en iguales condiciones que el varón. También en esta época la Masonería deja en libertad a sus miembros de creer o no en un ser superior –Gran Arquitecto del Universo– caso del Gran Oriente de Francia. Por tanto, al haber una absoluta libertad de pensamiento y de creencias religiosas, hoy encontramos muchos hermanos ateos vinculados a la Orden Masónica. Por estas razones, nos atrevemos a señalar que el concepto de Masonería también ha evolucionado, pues antes la mujer no podía pertenecer a nuestra institución y al Francmasón prácticamente se le obligaba a creer en un ser superior así no compartiera con este principio dogmático.

De acuerdo a lo planteado, podemos decir que el ciudadano masón pertenece a una entidad substancialmente filosófica, filantrópica, progresista y discreta.

Es filosófica porque encauza al ser humano hacia la investigación razonable de las leyes de la Naturaleza; Es filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase. Para llevar a cabo este precepto, se vale de organizaciones para masónicas, creadas por hermanos Masones, como los clubes de Leones y Rotarios Para hacer revivir, para esparcir estas máximas esenciales tomadas de la naturaleza del hombre, es para lo que ya desde el principio fue establecida nuestra Sociedad.

Cuando sostenemos que «la Masonería es progresista», es porque por principios profesa, instruye y practica la fraternidad entre los seres humanos y la absoluta libertad de conciencia que nos permite el pensamiento libre y la defensa irrestricta de los derechos humanos. Para terminar entendemos, en primer lugar, que la Masonería es una Institución discreta y no secreta.

En segundo término, que la Masonería ha heredado por tradición histórica un método de enseñanza en el que sus miembros van instruyéndose poco a poco de acuerdo a sus propias iniciativas, adquiriendo el compromiso de salvaguardar tanto sus opiniones como la de los demás hermanos que asisten al Taller. También deben proteger los modos de reconocimiento entre Francmasones y la interpretación de los ritos y símbolos de la Orden, que son de gran utilidad en nuestros trabajos. Por consiguiente, podemos afirmar que la labor de la Francmasonería se efectúa básicamente entre sus miembros, por lo que su proyección hacia el exterior es poco notable. Su labor externa esencialmente reside en la actuación de sus miembros, que aplican en los ámbitos social y personal los valores aprendidos en las Logias.

Por ello, frente al siglo XXI, ha de volver a diseñar, inducir y luchar por la construcción de una nueva sociedad y a un masón que como ciudadano ayude a conducir a ésta hacia un futuro “masónicamente deseable” y posible de alcanzar con seriedad y trabajo. Ello significa participar en la construcción de la paz, para lograr un mundo sin violencia. Sin violencia en las familias, sin violencia en las comunidades humanas, sin violencia entre Estados y sin violencia en el interior de las propias Naciones; trabajar por el desarrollo y fortalecimiento de la Democracia, por el hallazgo de soluciones que resuelvan los graves problemas que aquejan a los sectores más vulnerables de la sociedad, impulsando un modelo de desarrollo a escala humana autosustentable, en el que el Hombre sea objeto y sujeto de su desarrollo, privilegiando la educación y creando una mejor calidad de vida.

Para ello el francmasón tiene como trabajo permanente el progreso en su perfeccionamiento en todas sus dimensiones, para ponerse al servicio de la nueva sociedad que intenta construir. Se prepara, forma y proyecta para intentar mejorar el funcionamiento de las instituciones, disminuir la pobreza, hacer que se tome conciencia sobre el respeto al medio ambiente y a la Naturaleza, en equilibrio con el ser humano y sus necesidades. Su presencia en el escocismo masónico tiene validez en la medida en que proyecta sobre la sociedad su compromiso, aplicando los principios en que se formó. Es la forma de demostrar que se es coherente con los principios que se proclaman, se defienden y practican.

CONCLUSIONES.

1.- Muchas veces me he planteado si la masonería debe intervenir en forma más directa en la alta política de los países, pero aparece de inmediato la frase del Ritual de Iniciación. “La Orden no es una secta ni es un Partido…”, sumándose a esto la Declaración de Principios de la Convención de Lausanne en el artículo que dice: “Prohíbe en sus Talleres toda discusión política o religiosa”. Pero es otra frase del Ritual la que nos da la luz ética definitiva respecto a nuestra existencia política como Orden, en su sentido más alto y noble: la Masonería, “comienza su obra en los Hermanos y por consecuencia lenta pero eficaz y profunda la termina en la sociedad profana”. Es decir actuar como ciudadanos por el bienestar de la sociedad. No debemos llegar a los talleres para la contemplación pasiva del bien, sino para aprender y salir a servir, pues, los ideales fundamentales de la Masonería: Libertad, Igualdad y Fraternidad, implican el hecho de la vida en sociedad y están orientados a que toda la humanidad esté cubierta por estos ideales y que los hombres que viven en sociedad y que componen la gran familia humana, sean libres, fraternos e iguales.

2.- Un sueño o ¿una utopía? Sueño con una masonería al servicio de la sociedad, no haciendo proselitismo externo, sino que utilizando sus templos preste asesoría en diversos campos del desarrollo social: asesoría en salud, educación, asesoría legal para los menos beneficiados económicamente, seminarios o conferencias con consejos comunales, todo dentro de un marco estrictamente laico. Todo eso, mas la utilización en los templos de alguna sección como museo masónico, que expliquen su historia, pueden atraer un buen número de iniciados que refuercen nuestras columnas y nuestra institución.

Soy Masón (Anónimo)

Soy masón porque soy libre,

practico siempre la honradez,

ciudadano de gran calibre

antes, ahora y también después.

De costumbres irreprochables

de muy sanas intenciones,

hombre de los responsables,

enemigo de las pasiones.

Un enamorado de la razón,

gladiador de la verdad…

masón de gran emoción

dentro de la fraternidad.

BIBLIOGRAFIA.

  • Breve Manual Masónico.- Edgar Perramón
  • El Masón de Nuestros Tiempos.- Dr. José Antonio Olivieri Maradey
  • Biblioteca Masónica venezolana.- Efraín Subero
  • Artículos diversos en Revistas Masónicas Chilenas e internet
  • Artículos varios; Emeterio Gómez (Economista y Filósofo venezolano) publicados 2008-2012.

Autor: Rafael Valencia Valencia