Los Solsticios en la Masonería

En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería se lee: “Bajo el doble nombre San Juan
Bautista y de San Juan Evangelista, patronos de nuestra Orden, los Francmasones celebran dos grandes fiestas anuales, llamadas Fiestas de San Juan o de la Orden. Estas fiestas, que corresponden a los dos Solsticios, se llaman con más propiedad aún fiestas Solsticiales.

Se celebran el 24 de junio y 27 de diciembre que dependiendo del hemisferio en que nos encontremos se denominan de Invierno o de Verano”. El Solsticio es la época en que el Sol entra en los signos de Cáncer y Capricornio llegando a su máxima declinación septentrional y meridional, y es cuando toman su lugar las fiestas Solsticiales que celebra la Masonería en los Solsticios de Verano e Invierno, dedicada la primera al Reconocimiento y la segunda a la Esperanza.

En el solsticio de verano del hemisferio Norte el Sol alcanza el cenit al mediodía sobre el
Trópico de Cáncer y en el solsticio de invierno alcanza el cenit al mediodía sobre el Trópico de Capricornio. Ocurre dos veces por año: el 20 ó 21 de junio y el 21 ó 22 de diciembre de cada año. El solsticio de verano implica también el día de mayor claridad del año y el de invierno el día en el que la noche es la más larga del año. Los solsticios son aquellos momentos del año en los que el Sol alcanza su máxima posición meridional o boreal, es decir, una máxima declinación norte (+23º 27′) y máxima declinación sur (-23º 27′) con respecto al ecuador terrestre.

Los Solsticios determinan el paso de las dos grandes faces en que la naturaleza ofrece los cambios y contrastes más notables y opuestos; fenómenos sorprendentes y siempre
admirables que todas las religiones, culturas y rituales han conmemorado bajo símbolos y alegorías. Con el Solsticio de Invierno comenzamos una nueva etapa, que se relaciona con la preparación para una nueva siembra de la cual se espera una mejor cosecha durante el Solsticio de Verano.

Si hacemos un símil con la masonería y particularmente con nuestra Logia vemos que
durante el Solsticio de Invierno preparamos nuestro programa de trabajo y lo vamos
desarrollando en forma ascendente difundiendo la Luz del Conocimiento y el Bien hasta el Solsticio de Verano en el que dedicamos algunas Tenidas para analizar la calidad de nuestro esfuerzo (nuestra cosecha) y para lanzarnos con nueva energía para conservar y fortalecer aún más la Luz de la Verdad que nos llegó con este Solsticio de Verano.
Filosofía.

Según ciertos autores, San Juan Bautista o San Juan de Verano representa el espíritu en
expansión y comunión con todo lo creado, desprovisto de todo lo profano. Por contra, San Juan Evangelista o San Juan de Invierno representa el espíritu en recogimiento, buscando su interior.

La Logia es una representación del universo, un microcosmos representativo del
macrocosmo. El microcosmos de esta Logia que observamos a nuestro alrededor, retrata
el escenario simbólico de la Naturaleza. Teatro iniciático donde el alma de cada uno de
nosotros, análogamente a como lo hace el Sol en su ciclo anual, debe intentar pasar de una columna a otra, ir de solsticio a solsticio, recorriendo paso a paso, a través de los ciclos del Zodiaco, las diferentes etapas y pruebas por las que pasa la evolución del alma en su aventura trascendente por este mundo. Pues no debemos olvidar que las columnas de entrada al Templo representan también los Trópicos de Cáncer y Capricornio, que son las claves de los solsticios.

De lo que no cabe duda es que para nosotros los masones, las fiestas solsticiales tienen
una profunda significación filosófica. Los solsticios representan el eterno contraste de la luz y la oscuridad, de la vida y la muerte y el eterno renacer de la creación, donde nada puede ser destruido, solo transformado en los tres estados naturales, sólido, líquido y gaseoso, es el ave fénix que siempre renace de sus cenizas.

Los solsticios representan la armonía cósmica, que permite observar, año tras año, como
se cumplen con asombrosa regularidad, de acuerdo a las leyes físicas de su relación con la tierra, prolonga los días o las noches, haciendo que la naturaleza cumpla inexorablemente sus ciclos biológicos.

Sería posible profundizar más en la parte filosófica indicando que el microscosmo de la
Logia posee un simbolismo unido a las dos Columnas de la entrada, imaginemos el Ara
como la estrella polar, analicemos los cuatro puntos cardinales de la Logia, y llegaremos a la conclusión de que la transición de un solsticio, el de verano, puede asociarse con el
profano que ve la luz por vez primera, que recibe como un Bautismo (San Juan Bautista o San Juan de Verano). Sin embargo, esa luz es tan fuerte que hay que bajarla para no
cegarle, y eso es justo lo que sucede desde ese momento, a partir del solsticio de verano
los días se hacen cada vez más cortos y la oscuridad va ganando terreno a la luz, es como una vuelta a la Tierra, al VITRIOL.

Al contrario, el solsticio de invierno (San Juan Evangelista o San Juan de invierno) sería
asociado a los compañeros que tras bajar a ese VITRIOL vuelven a surgir con una nueva
luz que poco a poco se acrecienta, justo como en la propia naturaleza donde los días
comienzan a crecer y la luz empieza a vencer a la oscuridad. Es el trabajo del compañero
que poco a poco va recibiendo la luz necesaria para alcanzar su maestría.

Desde luego, estas interpretaciones filosóficas son defendidas por algunos masones pero no por otros.

Salud, Fuerza y Unión.

Q:. H:. Rafael Valencia Valencia.

Or:. de Caracas, 8 de junio de 2019 (E:.V:.)