Preguntas y Respuestas 2012-6

¿SOIS MASÓN?

Q.·. H.·. Weber Varrasquim 

 Sólo recordaba aquel fuerte dolor en el pecho. ¿Cómo vine yo a parar aquí? El ambiente era familiar, ya estuve aquí una vez ¿pero cuándo?

Caminaba sin rumbo. Personas desconocidas pasaban a mi lado, peno no tenía el coraje para abordarlas. Esperé, y me pregunté ¿qué grupo sería aquel reunido con ternos negros?

¡Lógico! estaré yendo o viniendo de un entierro. ¡Está claro son hermanos!.

Me acerqué al grupo. Al verme llegar, interrumpieron su conversación. Discretamente me identifiqué de Aprendiz, obteniendo respuesta. La alegría afloró de inmediato en mí. ¡Estaba entre hermanos! me identifique con mi nombre y grado.

Pregunté ansioso lo que estaba aconteciendo conmigo. Respondieron con mucho tino y fraternalmente: Había muerto… me asusté grandemente… ¿y mi familia? ¿mis amigos?… ¿cómo están?.

Están bien, están siendo atendidos por la Orden, no se preocupe… a su debido tiempo Ud. los verá, respondieron.

Aún asustado, pregunte el motivo de sus vestimentas.

Nos estamos encaminando a nuestro Templo, fue la respuesta.

¿Templo? ¿Ustedes tienen uno? Sí claro… ¿por qué no?

Me sentí más tranquilo, al final soy un Gran Inspector General de la Orden y con certeza recibiré las honras debidas a mi grado.

Pedí poder acompañarlos, y así se hizo.

Al final de una pequeña caminata divisé el Templo. Confieso que quedé admirado por su gran belleza. Las columnas del pórtico, majestuosas. Nunca vi algo igual. Imaginen como debía ser su interior y como me sentiría tomando parte de los trabajos. Caminamos en silencio, al llegar a la antesala me encontré con hermanos conversando animadamente, pero más bien en un tono respetuoso.

Uno de ellos, el que me acompañaba, llamó al que estaba adelante de él.

¡Hermano Experto! acompañe al hermano recién llegado y con él espere en la antesala de los pasos perdidos.

No entendí bien? Al final había mostrado mis credenciales y no era ese el tratamiento que se me debía dar. Esperé unos instantes, seguro de que me preparaban una recepción más fraterna. Con seguridad estarían preparando alguna ceremonia especial para mi entrada; en realidad un grado 33 no podía esperar nada diferente.

Verifiqué que los hermanos que habían quedado en el atrio, en silencio, iban formando un cortejo para la entrada del templo. ¿Por la distancia no pude escuchar lo que los hermanos decían? Un halo de luminosidad invadió a todos.

Entraron silenciosamente al templo. Conmigo quedó el hermano Experto. De tanta emoción no conseguía hilvanar palabra alguna. El tiempo pasó… no sé cuánto tiempo.

Finalmente la puerta del Templo se entreabrió y salió el hermano Maestro de Ceremonias, se encaminó hacia mí y me comunicó que sería recibido al instante.

Ajuste el Mandil e infle mi pecho. Comprobé que mi collar y medallas estuvieran ordenadas y me encamine con él.

Me intranquilicé algo ¿quién no lo haría en esas circunstancias? Respiré profundo y entré ritualísticamente al Templo.

Extraño… esperaba encontrar lujo y esplendor, mucha riqueza. Comprobé, de inmediato, una simplicidad enorme. Una luz brillante, que no sé de dónde venía, iluminaba todo el ambiente.

Saludé al Venerable y a los vigilantes en la forma acostumbrada. Nadie se levantó a mi entrada. Ningún batir acompaño mi avance. Todos se mantenían silenciosos y en actitud respetuosa. Realmente no sabía qué hacer… era todo inhabitual para mí. Esperaba órdenes… por fin ellas vinieron con la voz firme del venerable Maestro:

(¿…………..?)

Reconociendo la necesidad del retejamiento en tales circunstancias respondí:

(¿…………..?)

Sonreí para mis adentros mientras esperaba tranquilamente la siguiente pregunta y el momento propicio para demostrar mis conocimientos y desenvoltura. En su lugar, el Venerable Maestro dirigiéndose a los presentes, preguntó:

¿Los hermanos aquí presentes lo reconocen como Masón?

El silencio fue total.

Me asusté. ¿qué era esto? ¿por qué tal pregunta? ¡Esto con certeza no era parte del Ritual!

Dirigiéndose a mí el Venerable Maestro respondió:

Mi caro Hermano visitante, los hermanos aquí presente no lo reconocen como Masón.

¿Cómo no? dije yo. ¿No ven mis insignias y paramentos? ¿mis diplomas? ¿mis medallas? ¿no verificaron mis documentos? ¡retéjenme!

Sí, claro hermano, respondió solemnemente el Venerable Maestro. con todo, con haber ingresado a la Orden , tener diplomas, ostentar insignias y medallas, no basta para ser reconocido masón. Es preciso antes que nada tener construido su “Templo Interior” y verificamos que esto no ocurrió con vos hermano. Observamos, que a pesar de haber tenido las oportunidades de estudio y haber alcanzado el mayor de los Grados, no habéis realizado progreso personal alguno. Su paso por el arte real fue efímero.

No pude aguantar más y respondí:

¿Cómo efímero? Ustedes, que todo lo saben, ¿no observaron mis actitudes fraternas?

Fui interrumpido:

Hermanos… veamos entonces su defensa:

De inmediato se enfocó una pantalla como de televisión y en la imagen me reconocí junto a un grupo de hermanos haciendo comentarios humillantes contra otros hermanos, haciendo chacota con la presencia de los aprendices, contando chistes en el atrio, conversando y desatentos en el desarrollo de los trabajos, intolerante e irrespetuoso con los hermanos, increpando hasta el Venerable, haciendo gestos para llamar la atención de mi presencia en logia… ¡Era verdad! me dió vergüenza… traté de justificarme, pero no encontraba argumentos para mi defensa. Recordé entonces mis acciones benéficas y me explayé sobre ellas.

Cambiando la imagen como se cambian en el canal de Televisión, me vi colocando la mano vacía en el Saco de Beneficencia. Era cierto y por costumbre lo hacía así, por pensar que el óbolo no sería bien usado… Pensaba que yo le daría mejor destino, pero por desgracia, nunca lo hacia… Me vi en las visitas a los hermanos enfermos y comprendí que era más por obligación que por fraternidad.

Quedé en silencio y lágrimas de remordimiento me brotaron de los ojos. Instintivamente comencé a retirarme cabizbajo. Me detuve al oír la voz autoritaria y al mismo tiempo fraterna del Venerable Maestro.

Mi hermano, reconocemos sus debilidades a todo el mundo y en la masonería, con todo reconocemos también que el hermano fue iniciado en nuestros augustos Misterios. Prometemos a sus iniciados protegerlos y lo haremos.

El hermano tendrá la oportunidad de enmendar sus errores, al final, todos los aquí presentes ya los cometimos alguna vez. Relájese ahora. Tómese el tiempo necesario y al volver sobre este tema llegue con nuevas experiencia, nosotros lo encaminaremos nuevamente hacia el camino correcto de la Orden Masónica. Su nuevo caminar será seguramente más promisorio y útil.

Salí decepcionado mas extrañamente aliviado.

Aquellas palabras parecen haberme sacado un gran peso de encima. Con seguridad, allí yo desbastaría parte de mi Piedra Bruta.

Estaba saliendo ritualísticamente, cuando pasé entre columnas…

Desperté, sobresaltado y mojado de sudor. Mi corazón estaba muy agitado. Me levanté asustado, más bien con cierta alegría en el pecho. ¡Había soñado!.

Me dirigí al guarda ropas. Mi terno negro y mis guantes blancos sin uso, estaban allí.

Rápidamente retiré del paletó las medallas e insignias, junto a los diplomas, algunos sin mérito, y los guardé en una caja de fondo donde nadie los pudiese ver.

Aún emocionado y con los ojos llenos de lágrimas, me dirigí a mi mesa de trabajo y con las manos trémulas y lleno de una alegría enaltecedora, retiré mi Ritual de Aprendiz masón y comencé a leerlo.


ENTREVISTA A FERNANDO AMADO

ESCRITOR Y POLITICO URUGUAYO 

Por Guillermo Asi Méndez (asi@eldiario.com.uy)

Lunes, 26 de septiembre del 2011

Después de EN PENUMBRAS ¿Cómo sentiste la necesidad de escribir este segundo libro sobre La Masonería uruguaya?

EN PENUMBRAS no hizo otra cosa en mí que despertar aún más el interés por entender mejor lo que es la masonería y saber acerca de su peripecia histórica en nuestro país. La “influencia” de la Orden en Uruguay es algo que siempre estuvo presente y que pretendí con este nuevo libro acercarme más a la verdadera dimensión de ella. Espero haberlo conseguido…

¿Fue difícil conseguir la información que necesitabas para el presente libro?

Sí…fue un trabajo metódico de alrededor de cuatro años en los que fui recolectando pieza a pieza, testimonio a testimonio, documento a documento…fue difícil pero apasionante

¿Cómo fue tu relacionamiento con los masones que entrevistaste?

Excelente, muy bueno…me entrevisté con muchos masones y nunca tuve una mala experiencia con ninguno.

¿Sentiste que fueron abiertos o más bien te quedó la sensación de que podrían tener mucho más para decir?

Siempre me quedó la sensación que tenían algo más para decir…siempre. Es más, hasta las entrevistas con los masones más abiertos me dejaban ese sabor que algo más me podrían haber dicho.

¿Tienes una idea de cuál es el nicho de mercado al cual más le puede interesar tu libro?

En el Uruguay el público lector de manera militante no supera las dos mil o tres mil personas. EN PENUMBRAS lleva vendido más de 19.000 ejemplares, lo que muestra que el interés ciudadano acerca de la masonería rompe los moldes del lector típico. En lo personal me he encontrado con gratas sorpresas; por ejemplo, adolescentes leyendo el libro o que me escriben por mail o facebook diciendo que lo leyeron y les encantó…hasta veteranas que llaman a la editorial y me dejan una cartita. Para mí ha sido una experiencia espectacular.

¿Tu condición de Parlamentario te influye en algo en tu función de escritor?

En mí no. En lo que “dice” alguna gente sí. Lamentablemente hay gente que considera que no debería escribir o investigar porque descuido mi tarea política…y no es para nada así…se equivocan. Yo escribo e investigo en mis horarios libres, y sacrifico tiempo con mi familia, con mis amigos, o con otras actividades que me gustaría hacer porque he priorizado la tarea de escribir en mis tiempos libres…y francamente siento que es una tarea que me enriquece enormemente para mi actividad política.

¿Puedes hacer un juicio de valor respecto a la Orden Masónica?

En el libro intento no hacerlo pero en una entrevista como esta no tengo problema. Yo tengo una visión muy positiva de lo que es la masonería. ¿con algunas críticas? ¡Sí, claro! Porque la masonería como institución integrada por hombres siempre imperfectos ha tenido y tiene sus claroscuros…además de lo contrario no me sentiría un auténtico libre pensador porque en donde no hay posibilidad de discrepar no hay libertad de expresión del pensamiento. Pero mi visión global de lo que ha sido y es la masonería es una visión positiva. Comparto sus principios filosóficos, simpatizo con su influencia en la revolución francesa, en las luchas independentistas de nuestro continente, en lo que fue la lucha por la laicidad en nuestro país, etc. Pienso que la marca de la masonería en nuestra tierra es similar a la del batllismo. Aunque no queramos o no nos demos cuenta en nuestro ADN hay algo de batllista y también algo de masón. Y yo personalmente me siento muy cómodo con ambas.

Teniendo en cuenta lo que hoy conoces de la Masonería ¿Si te invitasen, aceptarías ingresar?

Es una linda pregunta que me he hecho muchas veces…mentiría si dijera que no me ha seducido y me seduce el camino iniciático, personal, esa herramienta de perfeccionamiento humano como persona que la institución masonería provee. Hasta el momento opté por escribir sobre ella, en todo caso el tiempo dirá.

¿Deseas agregar algo que consideres importante?

¡Muchas gracias por la entrevista!

Gracias por tu amabilidad al responder estas preguntas, gracias

Fernando Amado (Montevideo, 11 de setiembre de 1982), politólogo, escritor y político.

Hijo del ex comandante en jefe del Ejército, Tte. Gral. Fernán Amado.

Estudió ciencias políticas en la Universidad de la República, egresando con el título de Licenciado.

Publicaciones

Desconfianza infinita. Lacalle, Sanguinetti, Batlle y Vázquez y la elección de sus cúpulas militares. Editorial Fin de Siglo, año 2007.2

En Penumbras. La Masonería Uruguaya (1973-2008). Editorial Fin de Siglo, año 2008.3

El Peso de la Cruz. Opus Dei en Uruguay. Editorial Sudamericana, año 2009.

Óscar Magurno. El Padrino. Editorial Sudamericana, año 2010.

La Masonería Uruguaya. El fin de la discreción. Editorial Sudamericana, año 2011.